Teo Moran
Poeta fiel al portal
Estoy de regreso, al final del camino,
a ese lugar de luces y de sombras
con el rostro inocente de un niño
y el alma cansada por las pruebas.
Llego sin un ápice de tristeza,
con el carmín rojo de las amapolas
y con el corazón lleno de heridas
mas hace tiempo que ya no sangra.
En los labios, el néctar de una boca
me devuelve a una mar nacarada
y a una playa lejos de mi hogar.
¡Soy profeta entre nubes de escarcha!
Soy el capitán de un barco pirata
sin más rumbo que el amor agostado
en un horizonte plomizo y sin final.
Bajo la sombra de un chopo prendido
eluden hablar el jilguero y el mirlo
de días de fiesta y noches de abrigo,
del crepitar que resuena en el río
y bajo su espuma los verdes juncos
envidian a lo lejos a los altos pinos,
al corzo que corre por el campo de trigo
y a la estela del alegre vencejo.
Llego al final de un tiempo sin sus manecillas;
oigo como el viento susurra en el cielo
todos los versos que no supe escribir
y aquellos que no pude inventar para ti,
a la tormenta esbozar con sus gotas
los pliegues felices de tu corazón
hoy que laten suaves lejos de mí,
a las olas dejar en la blanca arena
el recuerdo incandescente de tu piel,
¡Y aunque el sendero me lleve mar adentro
o acabe en medio de la tormenta
llegaré con el rostro de un niño!
El alma dispuesta y preparada
para emprender otra vez el camino
que me regrese de nuevo al hogar,
a ese lugar donde pueda recitar
con el latir enamorado del corazón,
todos los versos que no supe escribir
y aquellos que no pude inventar para ti.