Acababa de llegar de un largo viaje. La aventura había sido intensa y el esfuerzo le estaba pasando factura. Era un hombre recio, un tipo duro, un todo terreno capaz de manejarse en las situaciones más adversas. Pero había vuelto demasiado cansado para hacer otra cosa que no fuera cenar algo rápido, y echarse a dormir unas 4 ó 5 horas al menos. Tiró su mochila en el pasillo, y se fue directamente al teléfono para encargar que le trajeran algo de comer. Mientras esperaba se dio una ducha. Todavía se estaba secando cuando llamaron al timbre. –La cena- pensó. Abrió la puerta y, efectivamente, allí estaba el repartidor. Antes de pagar destapó el cartón de la entrega, y lo que vio no le gustó. –Por favor, vuelva a llevárselo- dijo –No lo quiero: hay un trozo de pizza en mi pedido de hormigas-
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Churrete
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