Alfredo Escalona
Poeta recién llegado
Quiero decirte mi adiós triste entre las copas,
mi alma solicita la clemencia del olvido
¡Un trago quiero para ahogarte en mi suspiro!
¡Quisiera ahogarte en el dolor que me provocas!
Sueño anhelante con los besos de tu boca
y el derrotero de tu ausencia en el camino,
¡Esta taberna a media luz será testigo
si mi embriaguez en mil pedazos se trastoca!
¡ Bella la flor en el pensil donde se posa
la almíbar calma que enternece mi delirio!,
cuando recuerdo en tu regazo el suave nido
ya tremulante de una magia presurosa.
Ingrata noche en que mi pena temblorosa
leyó en tu adiós la amarga tinta de tu olvido
¡Cómo quisiera regresarte del camino
y enamorarte otra vez con una rosa!
Tan sólo atino a tintinear la amarga copa
con el recuerdo de aquel timbre embellecido
con que enhebrabas un arpegio en el tañido
¡Cuando obsequiabas para mí tu risa hermosa!.
La bella misa de tu voz siembra de notas
este poema despechado que te escribo:
¡Por ese cántico en tu voz yo no he podido
sacrificarme en el oasis de tu boca!
Por eso estoy martirizado entre las copas
donde fallezco de tu voz en un suspiro
y por la beatitud de Dios un trago pido
¡para no verme agonizar sobre una roca...!
mi alma solicita la clemencia del olvido
¡Un trago quiero para ahogarte en mi suspiro!
¡Quisiera ahogarte en el dolor que me provocas!
Sueño anhelante con los besos de tu boca
y el derrotero de tu ausencia en el camino,
¡Esta taberna a media luz será testigo
si mi embriaguez en mil pedazos se trastoca!
¡ Bella la flor en el pensil donde se posa
la almíbar calma que enternece mi delirio!,
cuando recuerdo en tu regazo el suave nido
ya tremulante de una magia presurosa.
Ingrata noche en que mi pena temblorosa
leyó en tu adiós la amarga tinta de tu olvido
¡Cómo quisiera regresarte del camino
y enamorarte otra vez con una rosa!
Tan sólo atino a tintinear la amarga copa
con el recuerdo de aquel timbre embellecido
con que enhebrabas un arpegio en el tañido
¡Cuando obsequiabas para mí tu risa hermosa!.
La bella misa de tu voz siembra de notas
este poema despechado que te escribo:
¡Por ese cántico en tu voz yo no he podido
sacrificarme en el oasis de tu boca!
Por eso estoy martirizado entre las copas
donde fallezco de tu voz en un suspiro
y por la beatitud de Dios un trago pido
¡para no verme agonizar sobre una roca...!