Un triangulo

José rubiel Amaya Amaya

Poeta asiduo al portal
Un triangulo formaba sus lunares,

y adornaban su rostro inmaculado;

en el que se veía la inocencia,

cual una flor de pétalos rosados.


En su boca divina una cascada

era el desfile de perlas marfileñas,

y sus ojos con negro de azabache,

hacían juego al tiempo con su pelo.


Su piel broncínea despertaba el celo,

descubriendo los encantos escondidos.

e invitaba a los sueños que se viven,

cuando se cae entre los brazos de eros.






















































nt-family:"Arial","sans-serif"'>Y me dije…


Más no puedo poseerla,

Solo fue el olor perfumado

De una rosa…
 
Un triangulo formaba sus lunares,

y adornaban su rostro inmaculado;

en el que se veía la inocencia,

cual una flor de pétalos rosados.


En su boca divina una cascada

era el desfile de perlas marfileñas,

y sus ojos con negro de azabache,

hacían juego al tiempo con su pelo.


Su piel broncínea despertaba el celo,

descubriendo los encantos escondidos.

e invitaba a los sueños que se viven,

cuando se cae entre los brazos de eros.






















































nt-family:"Arial","sans-serif"'>Y me dije…


Más no puedo poseerla,

Solo fue el olor perfumado

De una rosa…
No siempre poseemos lo que queremos, pero por dicha existe la memoria. Un gusto pasar por acá y leerte.
 
Un triangulo formaba sus lunares,

y adornaban su rostro inmaculado;

en el que se veía la inocencia,

cual una flor de pétalos rosados.


En su boca divina una cascada

era el desfile de perlas marfileñas,

y sus ojos con negro de azabache,

hacían juego al tiempo con su pelo.


Su piel broncínea despertaba el celo,

descubriendo los encantos escondidos.

e invitaba a los sueños que se viven,

cuando se cae entre los brazos de eros.






















































nt-family:"Arial","sans-serif"'>Y me dije…


Más no puedo poseerla,

Solo fue el olor perfumado

De una rosa…
y la rosa deja su olor por donde quiera, grato leerte
 
Un triangulo formaba sus lunares,

y adornaban su rostro inmaculado;

en el que se veía la inocencia,

cual una flor de pétalos rosados.


En su boca divina una cascada

era el desfile de perlas marfileñas,

y sus ojos con negro de azabache,

hacían juego al tiempo con su pelo.


Su piel broncínea despertaba el celo,

descubriendo los encantos escondidos.

e invitaba a los sueños que se viven,

cuando se cae entre los brazos de eros.






















































nt-family:"Arial","sans-serif"'>Y me dije…


Más no puedo poseerla,

Solo fue el olor perfumado

De una rosa…
Bello poema de anhelos, la belleza siempre se nos lleva con ella. Un abrazo amigo José. Paco.
 

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