Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
UN VERDE
ANHELO FUTURO
Los ojos dicen, no más.
¡Qué larga noche despierta!
¡Qué triste nuestra miseria!
¿Acaso no parará?
El mundo sufre la peste
del hombre que contamina
y ya la flor no germina
mirando al cielo celeste.
El suelo se ha vuelto agreste
muriendo el árbol detrás,
la sierra baila al compás
de mano avara, sin cura.
¡Qué pare ya esta locura!
Los ojos dicen, no más.
Gigantes máquinas braman
mascando el tibio volumen
de troncos que se consumen
en fierros que los reclaman.
Eternas luces entraman
calor de fábrica muerta,
un llanto en vida desierta
se vierte al líquido acero.
Sufrir nocturno, postrero.
¡Qué larga noche despierta!
Cristal corriente de río
recibe espesa ponzoña,
la fauna es muerta carroña
por crudo elíxir sombrío.
Las nubes llueven el frío
que trae amarga materia,
respira el bosque bacteria,
ceniza, oscura herrumbre;
se apaga enferma su lumbre.
¡Qué triste nuestra miseria!
El hombre cambia las bases
del clima por todo el mundo.
Esmog su viento fecundo
que llena al cielo con gases.
Al mar lo atascan envases,
el agua ya no fluirá.
La tierra se secará
ganando hambrunas y llantos.
La triste vida de tantos
¿Acaso no parará?
Espero ver algún día
un fiero cambio de tornas,
que callen lejos las sornas,
la amarga filosofía.
Forjemos con empatía
la brisa, el céfiro puro,
dejando lejos lo oscuro
cuidemos nuestro planeta.
La fuente sea repleta
del verde anhelo futuro.
Dvaldés
ANHELO FUTURO
Los ojos dicen, no más.
¡Qué larga noche despierta!
¡Qué triste nuestra miseria!
¿Acaso no parará?
El mundo sufre la peste
del hombre que contamina
y ya la flor no germina
mirando al cielo celeste.
El suelo se ha vuelto agreste
muriendo el árbol detrás,
la sierra baila al compás
de mano avara, sin cura.
¡Qué pare ya esta locura!
Los ojos dicen, no más.
Gigantes máquinas braman
mascando el tibio volumen
de troncos que se consumen
en fierros que los reclaman.
Eternas luces entraman
calor de fábrica muerta,
un llanto en vida desierta
se vierte al líquido acero.
Sufrir nocturno, postrero.
¡Qué larga noche despierta!
Cristal corriente de río
recibe espesa ponzoña,
la fauna es muerta carroña
por crudo elíxir sombrío.
Las nubes llueven el frío
que trae amarga materia,
respira el bosque bacteria,
ceniza, oscura herrumbre;
se apaga enferma su lumbre.
¡Qué triste nuestra miseria!
El hombre cambia las bases
del clima por todo el mundo.
Esmog su viento fecundo
que llena al cielo con gases.
Al mar lo atascan envases,
el agua ya no fluirá.
La tierra se secará
ganando hambrunas y llantos.
La triste vida de tantos
¿Acaso no parará?
Espero ver algún día
un fiero cambio de tornas,
que callen lejos las sornas,
la amarga filosofía.
Forjemos con empatía
la brisa, el céfiro puro,
dejando lejos lo oscuro
cuidemos nuestro planeta.
La fuente sea repleta
del verde anhelo futuro.
Dvaldés