Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un antiguo y desgastado barco
que acaba de construir mi mente
con muchos pensamientos que no he tenido ,
me llevará dónde nunca he estado.
Todos sus materiales son parte de mis sueños,
Y lo construí un día que no estaba.
pensaba recorrer los mares del imposible
usando las dimensiones del silencio.
formé con mis dedos su sólida estructura
y lo dispuse a la orilla de la tarde
detrás del horizonte
entre un montón de sueños fracasados.
Confeccioné una vieja bandera
con el emblema del amor
y una gran cantidad de frases románticas
que recorríán las paredes internas de la estructura.
Fue una tarde del mes de abril
Cuando ya no tenía ganas de llorar tu ausencia
que terminé mi trabajo.
Solo llevaba una hoja,
una pluma llena de versos y una guitarra sin cantos y llena de melancolía
acompañar mi tristeza.
La barca atada a la desesperación
con un delgado hilo de incertidumbres
fue cortado de mi consciencia,
y un aire de temores me atracó,
empujando la embarcación
en dirección de la nada.
en un entorno de libertad
se abrió mi corazón
desplegando un aurora infinita de suspenso,
que mezclaba su sabor
con aquel aire disperso
de un material que desconocía
de una forma extraña
de una figura diferente
al que acostumbraban mis lágrimas.
El silencio envolvió mis palabras
y me alcanzó un agudo pensamiento,
nublando de recuerdos mi memoria gris
que se debatía entre los misterios
y el silencio profundo.
Quise hablar de amor pero era tarde,
pues una tormenta de lágrimas
Abrió paso entre mi llanto
y la soledad que me acompañaba,
Ah el amor que no tuve
el amor que tanto quise!
la noche no postergaría más su tiempo
era hora de entregarme a la oscuridad.
Y en medio de aquel llano cristalino
de líquidas ondulaciones amargas
llegué al final del horizonte
a ser testigo de la distancia
mientras una delgada cortina de estrellas
envolvía mi estrecho entorno
Y fue ahí dónde fui dueño de un pasado
que fue lanzado a las profundidades del mar
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