BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un viento atronador desgarra los caparazones.
Se escucha el sonido de un embalaje neutro, de un sistema
arcaico y deslizante, bajo la sordera universal
del mundo: es una producción inherente a la
sal que destilan las heridas mal cauterizadas.
Destierran en mis manos, y en mis brazos ausentes,
las patéticas voces de los huraños ídolos sin sustento.
Mueren en mí, ecos de un pasado glorioso:
la estalactita que se muerde la cola, y fulge
con resplandor de ermitaño actualmente.
Se escucha el espliego destruido por la maraña
de lo vivo, del aire encadenado, del alba destituida
por momentos, y en la distancia, un perro vomita
su ingestión de fármacos. Los muros conventuales,
donde guardo mi vida, son arañados por perfumes
jóvenes y ásperos. Soy tierra litigante, enunciación
de un pasado vetusto, de una orquídea que se desangra
a las puertas del solsticio-.
©
Se escucha el sonido de un embalaje neutro, de un sistema
arcaico y deslizante, bajo la sordera universal
del mundo: es una producción inherente a la
sal que destilan las heridas mal cauterizadas.
Destierran en mis manos, y en mis brazos ausentes,
las patéticas voces de los huraños ídolos sin sustento.
Mueren en mí, ecos de un pasado glorioso:
la estalactita que se muerde la cola, y fulge
con resplandor de ermitaño actualmente.
Se escucha el espliego destruido por la maraña
de lo vivo, del aire encadenado, del alba destituida
por momentos, y en la distancia, un perro vomita
su ingestión de fármacos. Los muros conventuales,
donde guardo mi vida, son arañados por perfumes
jóvenes y ásperos. Soy tierra litigante, enunciación
de un pasado vetusto, de una orquídea que se desangra
a las puertas del solsticio-.
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