jmacgar
Poeta veterano en el portal
Una anécdota con calambur
basado en un hecho atribuido a Quevedo
Érase de una corte un cortesano
buen amigo de bromas y de chanzas,
hombre de buen talante y campechano
que aprovechando tiempos de bonanzas
hizo con sus amigos una apuesta
que acaso resolviera sus finanzas;
-diez mil maravedíes ,- manifiesta-,
habéisme de pagar si sale bien,
pues que si sale mal pierdo la testa-;
-decid, ¿cuál es la broma y contra quién?,
le dijo prestamente un apostante,
-si somos cinco, os anticipo cien
el resto os lo daré, si es dios mediante,
cuando vea que hacéis la dicha cosa,
decidnos la verdad ¿es importante?-
-y tanto que lo es, no es cualquier moza
a quien diré lisiada en sus narices,
será a su majestad, que es orgullosa
y se codea con emperatrices-
No pudieron creerlo su amigos
pues todos exclamaron - ¡Dios, qué dices!-
-así os lo prometo y sed testigos
que el domingo será, con los festejos;
vámonos ya, coged vuestros abrigos-
Los amigos fruncieron entrecejos
no creyendo posible tal azaña
ni que tuviese suficientes rejos
mas el día llegó y con mucha maña
se puso nuestro hombre ante aquel trono,
sillón que era de reina, la de España,
a quien se dirigió con suave tono
con las manos tendidas hacia ella,
sin perder un minuto de su crono;
dos flores le mostró, a cual más bella,
una rosa amarilla y otra roja,
y le espetó de pronto cual centella:
-entre ambas rosas majestad escoja-
El osado respira satifecho,
la reina levemente se sonroja,
así ganó la apuesta, ya es un hecho.
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