CIBELES
Poeta que considera el portal su segunda casa
El día que se dispare una bala con mi nombre
no habrá pecho que me proteja
ni escudo que la pare.
Cuando mi cuerpo quede inerte,
no habrá lágrimas que lo muevan,
manos que lo resuciten,
vino fuerte que haga que mis labios
pronuncien palabra alguna,
ni beso que me devuelva la vida.
Cuando se escape mi alma
huyendo marchita,
no habrá suficientes manos
que escarbando la tierra
encuentren mis huesos.
Ni tan siquiera tú,
gritando todo lo que esperé
y no tuve,
conseguirás mi retorno.
Será irreversible.
no habrá pecho que me proteja
ni escudo que la pare.
Cuando mi cuerpo quede inerte,
no habrá lágrimas que lo muevan,
manos que lo resuciten,
vino fuerte que haga que mis labios
pronuncien palabra alguna,
ni beso que me devuelva la vida.
Cuando se escape mi alma
huyendo marchita,
no habrá suficientes manos
que escarbando la tierra
encuentren mis huesos.
Ni tan siquiera tú,
gritando todo lo que esperé
y no tuve,
conseguirás mi retorno.
Será irreversible.