Una bala perdida,
me ha dado justo
en el claustro de mi corazón
ha sido tu amor,
que como un veneno sabroso
me ha dejado moribundo
y solo, con el hastío impropio
de un martirio que desconozco
esa bala perdida me ha dado
para dejarme heridas sanguinarias,
lejos ya de aquella piel impropiaq
que enjuagaba sueños junto a la mía
de la herida sólo emana desilusión
y desencanto, extraño cóctel
de amargura con una dosis de llanto
esa bala perdida se me ha hincado
en lo más hondo de mi alma de aventurera
para dejarme patitieso ante tanto olvido
perentorio y tus tantas ya sabidas
palabras lastimeras.
Una bala, que de casual no tiene nada,
como una extraña vagabunda
de ha quedado estupefacta
en cada uno de mis recuerdos
llenos de pasión y remembranzas
esa bala persistente y allanada
no ha tenido compasión alguna
ni por mi dolor, mi por mi cuerpo,
mucho menos por este vacío inmenso
que ha dejado en mis nostalgias,
arrasándolo todo
como una tempestad oclusiva y paralizante.
Una bala perdida se ha cernido
sobre mi envoltura para sosegarla
para dejarme indefensa ante tanta
indiferencia mancillada,
no dándome el tiempo siquiera
para sanar su agujero
porque lo que duele y supura
no es en sí, la bala,
sino lo que queda detrás de ella:
una indescriptible soledad,
una insoportable y dolorosa soledad.
Entonces que de mí, con su
opresión y con su causa?
Porque en mí perdura, silenciosa
esa marca, como estigma,
de lo que detrás de sí, ha dejado esa bala
me ha dado justo
en el claustro de mi corazón
ha sido tu amor,
que como un veneno sabroso
me ha dejado moribundo
y solo, con el hastío impropio
de un martirio que desconozco
esa bala perdida me ha dado
para dejarme heridas sanguinarias,
lejos ya de aquella piel impropiaq
que enjuagaba sueños junto a la mía
de la herida sólo emana desilusión
y desencanto, extraño cóctel
de amargura con una dosis de llanto
esa bala perdida se me ha hincado
en lo más hondo de mi alma de aventurera
para dejarme patitieso ante tanto olvido
perentorio y tus tantas ya sabidas
palabras lastimeras.
Una bala, que de casual no tiene nada,
como una extraña vagabunda
de ha quedado estupefacta
en cada uno de mis recuerdos
llenos de pasión y remembranzas
esa bala persistente y allanada
no ha tenido compasión alguna
ni por mi dolor, mi por mi cuerpo,
mucho menos por este vacío inmenso
que ha dejado en mis nostalgias,
arrasándolo todo
como una tempestad oclusiva y paralizante.
Una bala perdida se ha cernido
sobre mi envoltura para sosegarla
para dejarme indefensa ante tanta
indiferencia mancillada,
no dándome el tiempo siquiera
para sanar su agujero
porque lo que duele y supura
no es en sí, la bala,
sino lo que queda detrás de ella:
una indescriptible soledad,
una insoportable y dolorosa soledad.
Entonces que de mí, con su
opresión y con su causa?
Porque en mí perdura, silenciosa
esa marca, como estigma,
de lo que detrás de sí, ha dejado esa bala