Una barca a la deriva…
Jamás busques los horizontes de sueños,
ni los vestigios del amor perdidos en un satélite…
Herencias eternas escondidas en un infierno,
ni siquiera has sentido mis manos y me ofendes.
No existe el verbo que empieza en la vocal principal
el alimento de las distancias es agresivo…
Se ve succionado por huracanes arrugados, en el viaje
las enredaderas no alcanzan hasta tu tálamo;
nunca llegaron a tu balcón pálido y frió.
Es entonces tu propia convicción… Te traiciona,
vi la luz, en la claridad de esa madrugada soñada ayer;
ahora mismo en que la noche es calida y escapa…
Camino sobre piel desnuda, encima del prado mojado
los grillos son errantes músculos de una nave ciega.
No hay rumbo, ni norte…Es mi profunda tristeza,
al saber que te he perdido…
En mi otoño fragante y deseoso;
nada mas me queda que un delicioso suspiro,
asumo tu gélida frase…¡Estas despedido!
no te comportaste como yo quise, me dijo…
Tu no eres, ¡soy yo!...
ella se confundió en mis versos.
Ramiro Deladanza
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