BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Traspaso líneas
segmentos divididos
áreas crepusculares
islotes de genio vernáculos
idiomas, sentidos trajes
de fascinación casi oclusiva;
derribo ángeles sistemas anodinos
subyugo a mi presa en los dinteles
caigo redentor de la mesa oscurecida
preciso de llantos y de estertores muertos
hojas de acanto y sílabas contestadas;
voy de sitio en sitio
transmito la lepra a consideración
fuljo y dimano diamantes de bolsillo
crepito con la lengua azul de los conferenciantes
remito a pasadas glorias militares
a elefantes gastados en la zona de disparo
de una bala, apática;
finjo mi rendición estremezco diurnos
y solsticios meto la endurecida vaina
con barreras equinocciales, precinto
las bahías con mi amor fogoso.
En las fronteras marinas
en los fangos horribles,
del subsuelo, del enardecido
cansancio, mezclo alegrías
y jambas, puertas a la desdicha
de un cuerpo rectilíneo.
Me gustan los asesinos,
los mediocres delincuentes,
aquellos que se jactan de hitos populares,
enorgullecidos de su semilla brotadora,
y voy y les indico el sendero
del polvo hacia el estío.
Mi cuerpo es una forma de hastío
una vacilante luna en los vientres cetáceos,
con cenefas y rótulas acaricio la verticalidad,
oriento mi falo hacia gargantas selectas,
guerrero y combatiente
de un gran plano abatido.
Ciudadano de la nada,
perspicaz en su aditamento,
frugal en su compañía,
solitario de vergeles,
busco lo erguido ante los destrozos
de las bombas.
Y ante la tumba
desconocida del caballero ignoto,
fusilo los hoteles sin encanto,
las plegarias de nocturnas cónyuges
lascivas.
Un misionero en una trampa,
un camionero estilizado, una rosa
entusiasmada, un escombro
asegurado de ladillas y esputos.
Espanto, espanto, y surjo
de la niebla, y te llevo-.
©
segmentos divididos
áreas crepusculares
islotes de genio vernáculos
idiomas, sentidos trajes
de fascinación casi oclusiva;
derribo ángeles sistemas anodinos
subyugo a mi presa en los dinteles
caigo redentor de la mesa oscurecida
preciso de llantos y de estertores muertos
hojas de acanto y sílabas contestadas;
voy de sitio en sitio
transmito la lepra a consideración
fuljo y dimano diamantes de bolsillo
crepito con la lengua azul de los conferenciantes
remito a pasadas glorias militares
a elefantes gastados en la zona de disparo
de una bala, apática;
finjo mi rendición estremezco diurnos
y solsticios meto la endurecida vaina
con barreras equinocciales, precinto
las bahías con mi amor fogoso.
En las fronteras marinas
en los fangos horribles,
del subsuelo, del enardecido
cansancio, mezclo alegrías
y jambas, puertas a la desdicha
de un cuerpo rectilíneo.
Me gustan los asesinos,
los mediocres delincuentes,
aquellos que se jactan de hitos populares,
enorgullecidos de su semilla brotadora,
y voy y les indico el sendero
del polvo hacia el estío.
Mi cuerpo es una forma de hastío
una vacilante luna en los vientres cetáceos,
con cenefas y rótulas acaricio la verticalidad,
oriento mi falo hacia gargantas selectas,
guerrero y combatiente
de un gran plano abatido.
Ciudadano de la nada,
perspicaz en su aditamento,
frugal en su compañía,
solitario de vergeles,
busco lo erguido ante los destrozos
de las bombas.
Y ante la tumba
desconocida del caballero ignoto,
fusilo los hoteles sin encanto,
las plegarias de nocturnas cónyuges
lascivas.
Un misionero en una trampa,
un camionero estilizado, una rosa
entusiasmada, un escombro
asegurado de ladillas y esputos.
Espanto, espanto, y surjo
de la niebla, y te llevo-.
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