arroba
Poeta recién llegado
Una bruja enamorada
se puso un día a barrer
y entre tanta escobada
salió volando al ver
a su amor en la posada
que frente a su casa había
y en cuya puerta esperaba
que encendiera la torcía
del candil que sostenía
en la mano engalanada
por los guantes que tenía.
Barrió toda la mañana
y dejó el suelo brillante
de las múltiples pasadas
que con la escoba le daba
un aspecto de diamante.
Lo dejó tan reluciente
que pareciera un espejo
reflejando su pellejo
de lo más resplandeciente
y con todo su gracejo
asomaba el largo diente.
Cuando voló al ver al amado
visitó el gran campanario
de la iglesia que allí había
y tocó con la cabeza
las campanas que tenía
y que suenan a diario
mientras la gente bosteza
aburridos o con tristeza
cuando rezan el rosario.
El cabezazo fue tan grande
que la bruja se estampó
en el suelo miserable
a los pies del torreón
y rebotando en la fuente
se partió hasta el corazón.
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