Sinfonía dantesca de alguien que fue
mi gran cilicio, no puede ser cantada
sin un ¡ay! del curare, analfabeto,
que de todo dice su hueso matricial.
Las ideas en una hediondez de creo,
mientras beben whisky opimo de tristeza
y sangra cada cigarro de dolor.
Agorero de tiempo y crueldad,
desclavo mártir de corazón.
Curvará la velada de amor femíneo
tres arias de tragedia, que se acercan
con un azote de testa dionisiaca, prudente.
Perchas que cuelgan sonrisas con martes,
y una loca búsqueda de lo desconocido.
No hay punto de apoyo ni hay el estar
siquiera, perfectamente, como un
interesante desaliño. Pero es adorable
este aguantar. Tiene su bragueta
amuchachada de mendrugos,
chancea hasta el tope
un sueño cancerbero, al día, al alimento,
a la sopa inminente de noches.
Soslaya una excepción de mentira
y nada más, otro modo de ser, calla.
A ti, que tanto he atisbado tu marcha,
crees que de repente me odias
porque nos soñaste,
y ya no me recuerdas. Pues, aunque
madrugues para salir de mis lágrimas,
siento que tu cólera lujuriosa
jugará a pelarme, con p de pena, el destino.