Una chansita

Starsev Ionich

Poeta asiduo al portal
Una Chansita

Las piernas de la señorita Rocio Vargas "de Urrutia" (solo tenia cinco dias de haber contraido nupcias), tambaleaban con ese ritmo que solía marearlo desde hacía mucho antes. En ese preciso momento, también sintió que aún las baldosas aguamarina saltaban a cada paso, no porque fuera demasiado gorda, sino porque tenía la convicción de que ella guardaba un imán en su pecho que lo atraía todo.

Caminaba por el pasillo iluminado. El color blanquecino de su talón contrastaba con el negro de sus sandalias; el resplandor de esa piel de iguana saltaba como un grillo sin la oportunidad de camuflarse, que teme ser triturado por una suela de bota reluciente.
Toda esta obseción en él, sumada a sus deseos subyugados, y el triunfo de la felicidad del prójimo a los ojos de Dios (de blanco y negro, con latas arrastrandose por el piso y ollas arroceras por el aire)... !confabularon!... dando rienda suelta a su pierna, imprimiéndole una fuerza autómata.

El resultado: un golpe seco y juguetón en el talón de nacar, que olvidó por completo las escaleras. Una lástima. Ni el "sí" de su prometido fue tan fulminante.
 
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