Mira, ahí va mi amigo
el de mirada torva, el truculento.
El desdentado de luz abolida.
El que no se inmuta.
El del tajo en el cráneo.
El más traidor hijo de puta
que los bastardos del universo jamás pudieron traer a tierra.
Ahí va mi amigo,
una vez más a hacer de su terno la felonía.
Ahí va mi amigo a mi encuentro falsamente sonriendo.
Al que conozco ya hace más de diez años.
Con esa sed de destruirse a mi lado,
de desaparecer junto a mí.
Ahí viene a mi encuentro,
la mentira más grande de la ciudad.
Tras un par de ladrones y prostitutas,
se abre paso entre mendigos y policías,
con el mismo traje que le ví llegar
ahí donde la conveniencia alguna vez lo citó.
Viene mi amigo a dejar de pensar a mi lado,
a jurarme lealtad
para aventarme gargajos en cuanto me levanto de la escalera
en cuanto me largo del bar,
y emprendo camino a casa.
el de mirada torva, el truculento.
El desdentado de luz abolida.
El que no se inmuta.
El del tajo en el cráneo.
El más traidor hijo de puta
que los bastardos del universo jamás pudieron traer a tierra.
Ahí va mi amigo,
una vez más a hacer de su terno la felonía.
Ahí va mi amigo a mi encuentro falsamente sonriendo.
Al que conozco ya hace más de diez años.
Con esa sed de destruirse a mi lado,
de desaparecer junto a mí.
Ahí viene a mi encuentro,
la mentira más grande de la ciudad.
Tras un par de ladrones y prostitutas,
se abre paso entre mendigos y policías,
con el mismo traje que le ví llegar
ahí donde la conveniencia alguna vez lo citó.
Viene mi amigo a dejar de pensar a mi lado,
a jurarme lealtad
para aventarme gargajos en cuanto me levanto de la escalera
en cuanto me largo del bar,
y emprendo camino a casa.