Una ciudad más
nace en un poema sin nada
y con poema y ciudad
cogidos de la mano
avanzamos
por jardines y plazas,
por calles
y lugares señalados
con estatuas.
Ya vemos la grandeza de la historia
y la empatía de las palomas
por el ser humano domesticadas.
Si abrimos las manos
sobre ellas las palomas se lanzan
para ver si se llevan algo a sus nidos
entre las altas ramas
y cornisas de los edificios
donde ellas son sus amas.
Y así avanzamos.
Vemos viejas piedras solariegas
y quioscos con baratijas
y puestos de helados
y restaurantes y bares,
e iglesias
con sus pobres
de todos los siglos y razas.
Y así por esa ciudad
con su centro convertido
en un bazar de cualquier lugar
de la cultura mediterránea,
nos metemos en el poema
para ponerle un parche
y un par de zapatas,
un poco de pegamento
y darle una somanta de palos,
para que todos sepan
que los poetas somos,
de todo menos figuras
por el tiempo el alma helada.
nace en un poema sin nada
y con poema y ciudad
cogidos de la mano
avanzamos
por jardines y plazas,
por calles
y lugares señalados
con estatuas.
Ya vemos la grandeza de la historia
y la empatía de las palomas
por el ser humano domesticadas.
Si abrimos las manos
sobre ellas las palomas se lanzan
para ver si se llevan algo a sus nidos
entre las altas ramas
y cornisas de los edificios
donde ellas son sus amas.
Y así avanzamos.
Vemos viejas piedras solariegas
y quioscos con baratijas
y puestos de helados
y restaurantes y bares,
e iglesias
con sus pobres
de todos los siglos y razas.
Y así por esa ciudad
con su centro convertido
en un bazar de cualquier lugar
de la cultura mediterránea,
nos metemos en el poema
para ponerle un parche
y un par de zapatas,
un poco de pegamento
y darle una somanta de palos,
para que todos sepan
que los poetas somos,
de todo menos figuras
por el tiempo el alma helada.