Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
La soledad es un papel viejo y amarillo,
que repasas cada vez que quieres,
saber por qué.
La soledad es una compañera angustiosa,
es lago y es río cuando quiere,
es lluvia y es viento,
es noche siempre.
Es una rosa seca que me recuerda algo,
es solo el marco de un recuerdo,
es un rincón de botellas vacías,
es un florero intratable,
roto de tiempo.
Soy yo y el papel,
es la única ventana que miro,
es esta plaza fría de Julio,
inundada de hojas muertas,
y arboles desnudos.
Es este sol que va muriendo,
en su horizonte naranja,
son los neones que se encienden,
son las marquesinas coloridas sin gente.
Es este escaño donde te escribo,
verde como tus ojos, frió como tu adiós,
no quiero caminar,
las palomas ya se fueron,
y solo quedo yo.
Los pasos se resisten en los pies,
Y dicen ¿ para qué?
La cabeza pesa tanto,
quiero caminar,
pero tú me clavas a esta plaza,
una como tú,
inexistente.
La que yo recuerdo,
la que yo revivo,
y recorro lentamente,
una como tú inexistente,
presente y ausente,
violento,
martillo de acero.
La soledad la traigo en los bolsillos,
y tu giras en mi cabeza como las aspas de un molino,
es lago y es río, cuando quiere,
la soledad es lluvia y viento,
y quiere ser noche siempre.
Es un martillo de acero,
es esta plaza fría de Julio,
inundada de hojas muertas y arboles desnudos.
La soledad soy yo caminando de vuelta,
con un poema en la maleta,
para una como tú,
inexistente.
que repasas cada vez que quieres,
saber por qué.
La soledad es una compañera angustiosa,
es lago y es río cuando quiere,
es lluvia y es viento,
es noche siempre.
Es una rosa seca que me recuerda algo,
es solo el marco de un recuerdo,
es un rincón de botellas vacías,
es un florero intratable,
roto de tiempo.
Soy yo y el papel,
es la única ventana que miro,
es esta plaza fría de Julio,
inundada de hojas muertas,
y arboles desnudos.
Es este sol que va muriendo,
en su horizonte naranja,
son los neones que se encienden,
son las marquesinas coloridas sin gente.
Es este escaño donde te escribo,
verde como tus ojos, frió como tu adiós,
no quiero caminar,
las palomas ya se fueron,
y solo quedo yo.
Los pasos se resisten en los pies,
Y dicen ¿ para qué?
La cabeza pesa tanto,
quiero caminar,
pero tú me clavas a esta plaza,
una como tú,
inexistente.
La que yo recuerdo,
la que yo revivo,
y recorro lentamente,
una como tú inexistente,
presente y ausente,
violento,
martillo de acero.
La soledad la traigo en los bolsillos,
y tu giras en mi cabeza como las aspas de un molino,
es lago y es río, cuando quiere,
la soledad es lluvia y viento,
y quiere ser noche siempre.
Es un martillo de acero,
es esta plaza fría de Julio,
inundada de hojas muertas y arboles desnudos.
La soledad soy yo caminando de vuelta,
con un poema en la maleta,
para una como tú,
inexistente.
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