Jesús Brel
Poeta adicto al portal
Navegando, iba en un barco, entre mareas y calma,
con un horizonte incierto y una mar aventurada;
en él se guisaba todo, con astucia se cuadraba
"el Capitán Alatínez", lo mandaba y trajinaba.
El barco tenía "un tuerto", muy cercano al capitán,
y "un monge", poco discreto, chivato y muy charlatán;
también iba "un bodeguero", curtido entre sillas y cepas
siempre andaba medio ciego, soñando entre culos y tetas.
Los demás "personajillos", apenas nada pintaban,
entre ellos tres marinos, que en la noche navegaban;
llegué "el último de a bordo" y, entre extraños camaradas,
tuve rango de "grumete", con tareas mal pagadas.
De pronto, una buena mañana, perpleja quedó mi mirada:
allá en lo alto del mástil, la "calavera" ondeaba
me encontraba entre "piratas", marineros bien curtidos,
un barco lleno de ratas, al que llegó "un forajido".
Todo en calma parecía; nada su paz perturbaba,
pero llegó una noticia: aquel chollo se acababa;
por "popa" nos abordaron, entre risitas y palmas
y al barco preso dejaron, sin argumento y sin armas.
Todo era confusión, el ambiente daba asco...
al fin echamos "el ancla" y hubo fuga de marinos;
entre medio de ese caos, el capitán dejó el barco:
se fue sin pena y sin gloria, al amparo del destino.
Fue una larga travesía con el barco haciendo aguas,
salvarlo de la deriva, será una labor dura y ardua...
El barco, fondado en la sombra, lo tomó "una capitana",
que quiere vencer su zozobra y abrir alguna ventana.
Aún no es fiable el navío, alguien hurga en el pasado,
le impide ser navegable y prefiere verlo anclado...
tiene confusa a "la tropa"... se está pillando los dedos:
desde "la proa a la popa"... se divisan sus enredos.
No hay mal que cien años dure, ni "piratas" que resistan,
sólo falta que maduren y que "la tropa" ande lista.
La historia tiene un final, a pesar de un infeliz...
el barco ha de navegar, en busca de "un puerto" feliz.
¡¡ Calma a la vistaaaaaaaaaaaaaaaaaaa !!
Jesús Brel