Nada Vratovic
Poeta recién llegado
El tiempo se pudre a su alrededor
y caen sobre ella sus pedazos,
fríos
en la calidez de la descomposición.
Minutos de vino y especias;
susurran como una coral de hadas presas
en la jaula de cristal, hierro y engranajes
que nunca deja de observarla.
Contempla cómo abre todas sus santas rosas
recordando que una vez fueron ofrendas de amor;
pero ahora no son más que flores inútiles
deshojadas por costumbre.
Pétalos carmesíes y llenos de nada.
Caen sobre la cama junto a los deseos
que deben permanecer en lo más secreto de su garganta
para que no puedan convertirse en cuchillas.
Los segundos brillan entonces como pequeñas circonitas
hundidas en la masa de inmundicia caótica
que son el tiempo
y la espera.
y caen sobre ella sus pedazos,
fríos
en la calidez de la descomposición.
Minutos de vino y especias;
susurran como una coral de hadas presas
en la jaula de cristal, hierro y engranajes
que nunca deja de observarla.
Contempla cómo abre todas sus santas rosas
recordando que una vez fueron ofrendas de amor;
pero ahora no son más que flores inútiles
deshojadas por costumbre.
Pétalos carmesíes y llenos de nada.
Caen sobre la cama junto a los deseos
que deben permanecer en lo más secreto de su garganta
para que no puedan convertirse en cuchillas.
Los segundos brillan entonces como pequeñas circonitas
hundidas en la masa de inmundicia caótica
que son el tiempo
y la espera.