Luzibell Ferreyra
Poeta recién llegado
A media noche ondearon las cortinas,
el frío irrumpió por la ventana.
La luna me cuarteo la cara;
esculpiendo con agujas, que no llegaría mañana.
Alguien se coló con ellas,
algo más que las estrellas:
Una fina dama blanca,
con el filo de una daga.
Extendió su mano como espada,
me invitó a seguir sus pasos.
Abrió los brazos y me estrechó con ellos;
me acogió en su pecho.
Murmuró una lengua extraña,
un código que no comprendí, ni ahora entiendo.
La sentí tan cerca y tan lejana,
que no supe si era realidad o sueño.
“Sólo sé que no sé nada”
que mi alma ya no carga cuerpo,
ella devoró mi esencia
y mi ausencia duerme en la cama.
el frío irrumpió por la ventana.
La luna me cuarteo la cara;
esculpiendo con agujas, que no llegaría mañana.
Alguien se coló con ellas,
algo más que las estrellas:
Una fina dama blanca,
con el filo de una daga.
Extendió su mano como espada,
me invitó a seguir sus pasos.
Abrió los brazos y me estrechó con ellos;
me acogió en su pecho.
Murmuró una lengua extraña,
un código que no comprendí, ni ahora entiendo.
La sentí tan cerca y tan lejana,
que no supe si era realidad o sueño.
“Sólo sé que no sé nada”
que mi alma ya no carga cuerpo,
ella devoró mi esencia
y mi ausencia duerme en la cama.