hernanchi95
Poeta recién llegado
Nos sentamos aquel día y nos conocimos, casi sin querer, casi sin pensar;
habiéndonos enamorado tan dulcemente, cual néctar que ha de beber Apolo
en su larga muerte. Murmurábamos extrañas letanías, guirnaldas de un amor
que nunca ha de claudicar, ni en un millón de años.
Mis ojos de mármol cristalizándose ante la viva imagen de tus palabras;
¡Ay, no he de luchar contra tal sentimiento!, mas sólo sería una batalla
perdida, siendo yo el retrato de Aristodemo rendido ante tan incalculable poder.
En ese jardín utópico, nos perdimos cual niños en su fechoría,
regocijándonos tan vivamente mientras olvidábamos la desdicha de que, sin embargo,
subyacíamos bajo un vaho de imposibilidad, de sueño, de fantasía;
incautos, o tal vez mentirosos, engañando nuestra mente para así,
olvidarnos del mundo y fenecer en el orbe de los anhelos inconclusos.
!Oh cruel Afrodita!, has apuñalado mi corazón con cien mil flechas de pasión,
no podré yo sino hacer más que doblegarme ante tan radiante sentir, donde
la lógica perdió su razón; y a través de unas líneas, tales como las que
escribo entre risas y lágrimas, un amor pleno e inocente colmó mi alma y
la dulce condena que me sujeta, me arrastrará a sus tinieblas iluminadas...
habiéndonos enamorado tan dulcemente, cual néctar que ha de beber Apolo
en su larga muerte. Murmurábamos extrañas letanías, guirnaldas de un amor
que nunca ha de claudicar, ni en un millón de años.
Mis ojos de mármol cristalizándose ante la viva imagen de tus palabras;
¡Ay, no he de luchar contra tal sentimiento!, mas sólo sería una batalla
perdida, siendo yo el retrato de Aristodemo rendido ante tan incalculable poder.
En ese jardín utópico, nos perdimos cual niños en su fechoría,
regocijándonos tan vivamente mientras olvidábamos la desdicha de que, sin embargo,
subyacíamos bajo un vaho de imposibilidad, de sueño, de fantasía;
incautos, o tal vez mentirosos, engañando nuestra mente para así,
olvidarnos del mundo y fenecer en el orbe de los anhelos inconclusos.
!Oh cruel Afrodita!, has apuñalado mi corazón con cien mil flechas de pasión,
no podré yo sino hacer más que doblegarme ante tan radiante sentir, donde
la lógica perdió su razón; y a través de unas líneas, tales como las que
escribo entre risas y lágrimas, un amor pleno e inocente colmó mi alma y
la dulce condena que me sujeta, me arrastrará a sus tinieblas iluminadas...