camicho
Poeta asiduo al portal
Piernas bien labradas,
esculpidas por dioses griegos.
Al igual que lo hacen las sandalias
sinuosas las perfilan sobre sus tacos.
Ocho a diez cm. las modelan ,desde el piso.
Su dueña duerme.
La madrugada y las copas
cómplices se hacen.
Se entreabren, el límite es el encaje.
Vestido negro entalla la silueta.
Curiosa en mi inconciencia,
un hito, sus rodillas.
El sueño la recuesta,
y su dueño entre acordes
no la advierte.
Se deleita y enamora
de su voz arrulladora.
Ayuda la vela,
media luz es propicia.
Se desata a su público,
mientras entre las piernas
de su ama ,se enfocan.
Su voz resuena como un coro
divisada una vez las bragas de su amada.
El brindis constante
persigue un objetivo.
Se recuesta en su hombro,
buscando cariño.
La siguiente nota es entonada.
Los licores al cantante
le llueven, lo amerita por el desempeño.
Uno tras otro, todos sabemos
ya está descontado.
El morbo que ocultan sus muslos,
no avala, pero impulsa esta abadía.
El corista entre copas
no le da a la nota adecuada.
Se iza en su ego.
No sabe lo que tácito se ha planeado.
Duerme tranquilo, guitarra en mano.
Puerta de luz para los nacidos.
Silueta tallada para la vida,
monte de Venus divisado
entre lencería fina.
La mirada cambia. Uno acosa,
no hay sorpresa. Todo está elaborado.
Alcohol metabolisado
se exhala entre respiros,
de una flor no cuidada.
Lenta se consume en el piso
la ceniza desprendida
de la vela encendida.
Cortinas abiertas.
Luz tenue de luna, testigo,
se filtra por la ventana.
Empieza la afrenta.
Lascivo el lívido ,se tatúa en la dama.
Un ósculo tórpido en sus labios se encaja.
El guitarrista reposa.
Respuesta a lo incierto,
los pétalos ,cierra
como al frío o a la noche.
Conciente observo y pienso,
en las consecuencias y el reproche.
Testigo me he vuelto
y mi deseo no advierto.
Los veo ser uno
y disfrutar en lo suyo.
Aplausos, arengas entonan;
ya que la música ha cesado.
Otra nota se destaca
entre gemidos y sollozos.
Las partes se hacen uno,
una vez que copulan.
La ceda que sus nalgas resaltan,
Es retaso con encajes en el piso
Junto a botones de su blusa.
El sudor y el llanto se mezclan
de quienes gozan
de quien se queja.
El perfume volátil,
a su piel se abraza,
sobre secreciones vertidas.
Todo concluido por los presentes,
desmerece la dicha.
Una flor no cuidada
aun abonada,
no crece por tu mierda.
Agua falta no tu canto.
La arranca cualquiera,
la desflora en el acto.
Ruiseñor errante
que cantas tan elegante
despierta lo mas tarde,
ya no verás sus pétalos.
La perdiste por siempre.
esculpidas por dioses griegos.
Al igual que lo hacen las sandalias
sinuosas las perfilan sobre sus tacos.
Ocho a diez cm. las modelan ,desde el piso.
Su dueña duerme.
La madrugada y las copas
cómplices se hacen.
Se entreabren, el límite es el encaje.
Vestido negro entalla la silueta.
Curiosa en mi inconciencia,
un hito, sus rodillas.
El sueño la recuesta,
y su dueño entre acordes
no la advierte.
Se deleita y enamora
de su voz arrulladora.
Ayuda la vela,
media luz es propicia.
Se desata a su público,
mientras entre las piernas
de su ama ,se enfocan.
Su voz resuena como un coro
divisada una vez las bragas de su amada.
El brindis constante
persigue un objetivo.
Se recuesta en su hombro,
buscando cariño.
La siguiente nota es entonada.
Los licores al cantante
le llueven, lo amerita por el desempeño.
Uno tras otro, todos sabemos
ya está descontado.
El morbo que ocultan sus muslos,
no avala, pero impulsa esta abadía.
El corista entre copas
no le da a la nota adecuada.
Se iza en su ego.
No sabe lo que tácito se ha planeado.
Duerme tranquilo, guitarra en mano.
Puerta de luz para los nacidos.
Silueta tallada para la vida,
monte de Venus divisado
entre lencería fina.
La mirada cambia. Uno acosa,
no hay sorpresa. Todo está elaborado.
Alcohol metabolisado
se exhala entre respiros,
de una flor no cuidada.
Lenta se consume en el piso
la ceniza desprendida
de la vela encendida.
Cortinas abiertas.
Luz tenue de luna, testigo,
se filtra por la ventana.
Empieza la afrenta.
Lascivo el lívido ,se tatúa en la dama.
Un ósculo tórpido en sus labios se encaja.
El guitarrista reposa.
Respuesta a lo incierto,
los pétalos ,cierra
como al frío o a la noche.
Conciente observo y pienso,
en las consecuencias y el reproche.
Testigo me he vuelto
y mi deseo no advierto.
Los veo ser uno
y disfrutar en lo suyo.
Aplausos, arengas entonan;
ya que la música ha cesado.
Otra nota se destaca
entre gemidos y sollozos.
Las partes se hacen uno,
una vez que copulan.
La ceda que sus nalgas resaltan,
Es retaso con encajes en el piso
Junto a botones de su blusa.
El sudor y el llanto se mezclan
de quienes gozan
de quien se queja.
El perfume volátil,
a su piel se abraza,
sobre secreciones vertidas.
Todo concluido por los presentes,
desmerece la dicha.
Una flor no cuidada
aun abonada,
no crece por tu mierda.
Agua falta no tu canto.
La arranca cualquiera,
la desflora en el acto.
Ruiseñor errante
que cantas tan elegante
despierta lo mas tarde,
ya no verás sus pétalos.
La perdiste por siempre.