EÑ IMPERTITENTE
Poeta recién llegado
Canta la radio y dan la hora:
...una hora menos en el paraíso...
El sol amanecido, sobre el mar dormido,
caldea las plumas de las gaviotas;
y la luna, leve como una nube,
en poniente mirada me sonríe.
Poco antes te admiraste del verde
y me apretaste la mano enternecida:
bajo el prístino cielo de esta mañana
todas las cosas se acercan a tu vida.
Regreso, solitario el asfalto, como volando
entre las lomas y las olas de las playas.
Soy feliz. Feliz y agradecido al destino
que cada segundo nos otorga sus favores.
Aún así, egoísta de vanidad y dicha,
ansío detener el tiempo en tu presencia
y disiparnos, de eternidad henchidos,
en el suave matiz de una caricia.
Y de repente, pienso; me descubro
capaz de renunciar al presente y al pasado
cual novicio, liberado de ataduras,
para arrasar en ti la duda y la conciencia.
Los labios en tus huellas se recrean.
acerco la piel hasta el olfato,
respiro en todo tu perfume y tus aromas...
Aparto fatídicos temores de la ausencia.
Sé que tu felicidad es indivisible de la mía.
Sé casi lo que piensas y recibo el latir de tus sentidos.
Me buscarás en el bullir de la algarabía,
en grito sordo me llamarás hacia tu lado.
Brisas aladas conducen las ruedas de la fortuna;
y los brazos retornan hacia tu regreso.
Hasta la soledad es parte de tu alma:
reposa el amor en odres de regreso.
...una hora menos en el paraíso...
El sol amanecido, sobre el mar dormido,
caldea las plumas de las gaviotas;
y la luna, leve como una nube,
en poniente mirada me sonríe.
Poco antes te admiraste del verde
y me apretaste la mano enternecida:
bajo el prístino cielo de esta mañana
todas las cosas se acercan a tu vida.
Regreso, solitario el asfalto, como volando
entre las lomas y las olas de las playas.
Soy feliz. Feliz y agradecido al destino
que cada segundo nos otorga sus favores.
Aún así, egoísta de vanidad y dicha,
ansío detener el tiempo en tu presencia
y disiparnos, de eternidad henchidos,
en el suave matiz de una caricia.
Y de repente, pienso; me descubro
capaz de renunciar al presente y al pasado
cual novicio, liberado de ataduras,
para arrasar en ti la duda y la conciencia.
Los labios en tus huellas se recrean.
acerco la piel hasta el olfato,
respiro en todo tu perfume y tus aromas...
Aparto fatídicos temores de la ausencia.
Sé que tu felicidad es indivisible de la mía.
Sé casi lo que piensas y recibo el latir de tus sentidos.
Me buscarás en el bullir de la algarabía,
en grito sordo me llamarás hacia tu lado.
Brisas aladas conducen las ruedas de la fortuna;
y los brazos retornan hacia tu regreso.
Hasta la soledad es parte de tu alma:
reposa el amor en odres de regreso.