Ave en llamas, aguarda tus alas blancas y tus sedosas plumas;
los bocados desgastando al viento con tu último aliento
estallando cada burbuja mil mañanas y en mil días.
Oasis forjados en lágrimas, aislados, por un páramo desierto al frío,
hirviendo en el final
y en la nada
el invierno
y las nubes polvorientas
gorgoteando en las minas,
en un rojizo valle de un acantilado hundido
montañas frondosas, y más ríos colmados de sangre
yaciendo un cementerio de rosas
podadas
ardientes aves y llamas heridas
ardientes aves y llamas heridas
Buscando de una vez un suelo al menos poco firme para sopesarlo.
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