francisco_mendez
Poeta recién llegado
Una luna de septiembre
Tu cuerpo entero
era como una hoja en blanco,
tan pura , tan dispuesta.
Mis manos ansiosas
eran vibrantes letras, escribiendo en tu piel
caricias ineditas.
Cerrabas tus ojos,
y solo los abrías para mirarme dulcemente.
Cuando con mis labios te susurraba
mil "te quieros" desde tu cuello
hasta tu vientre.
Nuestros besos se deslizaban por la garganta hasta llegar al alma.
Tu cuerpo estaba tendido junto al mio,
tus senos descubiertos
reaccionaban al mas leve roce de mis dedos,
tus pezones se endurecían,
el espacio se llenaba de nuestro amor recién despierto.
Mientras la timidez y el pudor se adormecían.
-Cuanto desee estar contigo.
Fue tan hermosos sentir nuestros
cuerpos volverse uno solo, fundirse en si mismos.-
¿Que mas pedirle al cielo?
¿Que mas pedirle a esa dulce y oculta luna de septiembre?
¡Que se hubiera detenido ese bendito momento!
¡Que esta deliciosa locura nunca cese!
Tu dulce cuerpo era una isla
de suaves edenes, con manantiales de deliciosas aguas.
Mi deseo era como el aliento del mar.
Y mi sed de ti,
acariciaba con salvaje ternura tus playas, como una marea brava.
Mi lengua plasmaba caricias
que se evaporaban en tu cuello y
luego se fundían con el viento.
Tus manos se aferraban a mi espalda
y se adueñaban del momento.
Pasión ardiente recorría nuestras venas,
ya no existía el tiempo.
Yo bebía tumiel atrapado entre tus piernas,
y tu place agritos espantaba al silencio.
Bendito momento,
deliciosa locura.
La noche envolvía nuestros sueños, y en aquella luna de septiembre,
nuestras almas se unieron para siempre.
Tu cuerpo entero
era como una hoja en blanco,
tan pura , tan dispuesta.
Mis manos ansiosas
eran vibrantes letras, escribiendo en tu piel
caricias ineditas.
Cerrabas tus ojos,
y solo los abrías para mirarme dulcemente.
Cuando con mis labios te susurraba
mil "te quieros" desde tu cuello
hasta tu vientre.
Nuestros besos se deslizaban por la garganta hasta llegar al alma.
Tu cuerpo estaba tendido junto al mio,
tus senos descubiertos
reaccionaban al mas leve roce de mis dedos,
tus pezones se endurecían,
el espacio se llenaba de nuestro amor recién despierto.
Mientras la timidez y el pudor se adormecían.
-Cuanto desee estar contigo.
Fue tan hermosos sentir nuestros
cuerpos volverse uno solo, fundirse en si mismos.-
¿Que mas pedirle al cielo?
¿Que mas pedirle a esa dulce y oculta luna de septiembre?
¡Que se hubiera detenido ese bendito momento!
¡Que esta deliciosa locura nunca cese!
Tu dulce cuerpo era una isla
de suaves edenes, con manantiales de deliciosas aguas.
Mi deseo era como el aliento del mar.
Y mi sed de ti,
acariciaba con salvaje ternura tus playas, como una marea brava.
Mi lengua plasmaba caricias
que se evaporaban en tu cuello y
luego se fundían con el viento.
Tus manos se aferraban a mi espalda
y se adueñaban del momento.
Pasión ardiente recorría nuestras venas,
ya no existía el tiempo.
Yo bebía tumiel atrapado entre tus piernas,
y tu place agritos espantaba al silencio.
Bendito momento,
deliciosa locura.
La noche envolvía nuestros sueños, y en aquella luna de septiembre,
nuestras almas se unieron para siempre.