una muerte cualquiera

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
estoy colgando ahora,
por fin,
de la cuerda que amarré
a una viga del techo

mi garganta empieza a hincharse
debido a la presión que la soga
ejerce en torno a mi cuello,
y está claro que en cuestión de segundos
el aire que aún logro hacer llegar
a mis pulmones a través de la nariz
será insuficiente para mantenerme con vida

abajo de mí -volcada en el piso-
está la silla donde me subí para ahorcarme,
el zapato que al patearla para hacerla a un lado
se salió de mi pie izquierdo,
y un charco de un líquido amarillento
que cada vez se vuelve más grande

si levanto un poco la vista
y la dirijo hacia la ventana que da al exterior,
en la calle puedo ver
un destartalado renault 5 como el que alguna vez
tuvo mi padre cuando yo era niño
-y al que rara vez me permitía subirme
dado que lo había adquirido con la sola intención
de tener un vehículo para pasear a sus putas-
un puto renault del año de la verga, digo
aparcado algunos metros más allá junto a la acera
y una tipa vieja y flaca vestida toda de negro
bajando de él y mirando en mi dirección

antes de internarme para siempre
en la región al otro lado de las sombras,
aprovecharé para decir unas últimas palabras
que curiosamente podrían pasar
por una especie de poema:

me he meado y aparte siento
unas ganas cabronas de rascarme los huevos;
es probable que en unos cuantos instantes más
se me acaben de aflojar las tripas y por tanto
tenga que cagarme encima

y todavía no alcanzo a distinguir ninguna puta luz

al final del túnel
 
Última edición:
Seguro esa espuma que ya ves amarillenta es la esperma del ahorcado, llevate una linterna de petroleo o de gas si nunca encuentras la luz al final del túnel si es que llegas... Saludos.
 

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