La tuve desnuda ante mis ojos. Era un hotel cuyo nombre no recuerdo. Ella sabía que podría ser una última noche. Yo no pensaba así. Mientras le besaba los pezones, una ráfaga de electricidad sentí en mi espalda. Nuestros labios se encontraron al fin y parecían derretirse. Afuera una luna llena nos alumbraba nuestros desnudos cuerpos a través de la ventana. Llegué a su vientre y un ligero temblor estremeció su cuerpo. Sentía su respiración entrecortada al llegar a su pelvis. Ya nada podía evitar lo inevitable. Se entregaría por completo. Y mi carne entró en su carne. Un largo e intenso gemido se escucho hasta romper el silencio de la noche.
(Una última noche para ella. Eran dos hermanos gemelos. Se parecían tanto, pero uno de ellos la satisfacía más. Y se fue con el que le sacaba más orgasmos de su cuerpo).
(Una última noche para ella. Eran dos hermanos gemelos. Se parecían tanto, pero uno de ellos la satisfacía más. Y se fue con el que le sacaba más orgasmos de su cuerpo).