tomaldo
Poeta adicto al portal
Hay una mujer mirando al pasado,
añorando placetas y amigos de antaño.
Hay una dama que extraña la inocencia,
esa madre invisible que a aquella niña protegía con su presencia.
Recordando la decisión inevitable,
que en un abrir y cerrar de ojos,
la niña quiso dejar de ser niña,
y la madre dejó de ser madre.
Y la joven que hoy añora decidió ser mujer,
entregando su cuerpo a ese caro y hermoso arte;
por amor se paga un precio que entonces nadie sabe.
A la pasión no le salieron las cuentas,
porque las cuentas en el amor, rara vez salen;
Ni la felicidad ni el dolor van a partes iguales.
Hoy día quien mira atrás corre el riesgo de no ser nadie,
porque entre lo que se es y lo que se fue, nada es comparable;
Aprender de lo vivido es lo único que vale.
Que esas placetas son cemento,
que ese pasado es polvo y aire,
y los recuerdos solo sueños,
sueños de arena, barro y retales.
añorando placetas y amigos de antaño.
Hay una dama que extraña la inocencia,
esa madre invisible que a aquella niña protegía con su presencia.
Recordando la decisión inevitable,
que en un abrir y cerrar de ojos,
la niña quiso dejar de ser niña,
y la madre dejó de ser madre.
Y la joven que hoy añora decidió ser mujer,
entregando su cuerpo a ese caro y hermoso arte;
por amor se paga un precio que entonces nadie sabe.
A la pasión no le salieron las cuentas,
porque las cuentas en el amor, rara vez salen;
Ni la felicidad ni el dolor van a partes iguales.
Hoy día quien mira atrás corre el riesgo de no ser nadie,
porque entre lo que se es y lo que se fue, nada es comparable;
Aprender de lo vivido es lo único que vale.
Que esas placetas son cemento,
que ese pasado es polvo y aire,
y los recuerdos solo sueños,
sueños de arena, barro y retales.