José Luis García Herrera
Poeta recién llegado
UNA NOCHE DE AGOSTO
Ha caído ya la noche cuando abro mi corazón
y hallo entre mi sangre la flor de tu sonrisa
que me rescata de la arboleda de la melancolía
donde paseo con la mirada perdida en la distancia.
Noche de agosto tranquila y cálida, frente al mar
que recorre la orilla como un perro sumiso y confiado,
en la cala escondida donde el amor
habita entre las rocas
y dos cuerpos confunden la llama del crepúsculo
con las pavesas de una hoguera que consume
sus últimos leños, al final de la fiesta.
Reclinada en mi hombro te estrecho junto a mí
y hundo mi rostro en tu cabello.
El roce de la brisa y la flor de la sal
afirman en tu piel el sabor del océano. Así sé
que el amor jamás se rinde frente al olvido,
que los amantes viven la vida con delirio
y la noche ilumina este escenario íntimo
con un río de plata y un jardín de estrellas.
Bajo la carpa serena de la noche,
fundidos en el fuego de un abrazo,
nuestros labios buscan el sabor secreto
de otros labios que se estremecen al rozarlos.
Bajo la soledad del faro
nuestros labios dibujan en el aire
puentes que cruzan,
cada noche,
el río de la vida.
Ha caído ya la noche cuando abro mi corazón
y hallo entre mi sangre la flor de tu sonrisa
que me rescata de la arboleda de la melancolía
donde paseo con la mirada perdida en la distancia.
Noche de agosto tranquila y cálida, frente al mar
que recorre la orilla como un perro sumiso y confiado,
en la cala escondida donde el amor
habita entre las rocas
y dos cuerpos confunden la llama del crepúsculo
con las pavesas de una hoguera que consume
sus últimos leños, al final de la fiesta.
Reclinada en mi hombro te estrecho junto a mí
y hundo mi rostro en tu cabello.
El roce de la brisa y la flor de la sal
afirman en tu piel el sabor del océano. Así sé
que el amor jamás se rinde frente al olvido,
que los amantes viven la vida con delirio
y la noche ilumina este escenario íntimo
con un río de plata y un jardín de estrellas.
Bajo la carpa serena de la noche,
fundidos en el fuego de un abrazo,
nuestros labios buscan el sabor secreto
de otros labios que se estremecen al rozarlos.
Bajo la soledad del faro
nuestros labios dibujan en el aire
puentes que cruzan,
cada noche,
el río de la vida.