Cecilia Leiva Arangua
Poeta adicto al portal
UNA NOCHE DE LUNA
Una noche de luna,
donde se pierde vagando en los sueños,
donde se regocija el alma,
donde avanza el tiempo,
donde sólo acompaña el silencio,
la quietud de la noche recorre los senderos
del pensamiento
y nos perdemos nostálgicamente en el tiempo.
Vagamos,
como espíritus en la sombras,
sumergidos en las profundidades de la vida.
Oh nace un lamento,
es un canto en el viento,
no se siente tristeza en el aire,
sólo un letargo, que acompaña al silencio.
Llámenlo como quieran,
sólo es la quietud,
que nos lleva a regocijarnos
a medida que avanza el tiempo,
en los brazos inquietos de la vida
y recorremos los senderos sembrando semillas,
que con tanto amor regamos,
fertilizando la tierra.
Jamás se sabrá hasta el primer brote mirar,
si la plantación se hizo bien o se hizo mal,
sólo se puede esperar
que la noche de luna pueda cuidar,
el viento acariciar,
el rocio de la noche bañar
y a la tierra el alimento diario entregar.
Oh dulce quietud nocturna,
que vienes acompañar una noche de luna,
donde vagan los pensamientos,
donde se pierde la noche en el silencio,
un alma vestida de gozo,
un corazón palpitante,
mil semillas sembradas,
una tierra fértil regada.
Oh es sólo una noche de luna,
es un canto en el viento,
es un canto en el tiempo.
No,
es un infinito,
no,
es sólo un momento,
que comparte la quietud de silencio.
Una noche de luna,
donde se pierde vagando en los sueños,
donde se regocija el alma,
donde avanza el tiempo,
donde sólo acompaña el silencio,
la quietud de la noche recorre los senderos
del pensamiento
y nos perdemos nostálgicamente en el tiempo.
Vagamos,
como espíritus en la sombras,
sumergidos en las profundidades de la vida.
Oh nace un lamento,
es un canto en el viento,
no se siente tristeza en el aire,
sólo un letargo, que acompaña al silencio.
Llámenlo como quieran,
sólo es la quietud,
que nos lleva a regocijarnos
a medida que avanza el tiempo,
en los brazos inquietos de la vida
y recorremos los senderos sembrando semillas,
que con tanto amor regamos,
fertilizando la tierra.
Jamás se sabrá hasta el primer brote mirar,
si la plantación se hizo bien o se hizo mal,
sólo se puede esperar
que la noche de luna pueda cuidar,
el viento acariciar,
el rocio de la noche bañar
y a la tierra el alimento diario entregar.
Oh dulce quietud nocturna,
que vienes acompañar una noche de luna,
donde vagan los pensamientos,
donde se pierde la noche en el silencio,
un alma vestida de gozo,
un corazón palpitante,
mil semillas sembradas,
una tierra fértil regada.
Oh es sólo una noche de luna,
es un canto en el viento,
es un canto en el tiempo.
No,
es un infinito,
no,
es sólo un momento,
que comparte la quietud de silencio.