Una noche de tormenta (Romance)

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Una noche de tormenta
Ricardo que así se llama
el joven de cuerpo enjuto
que se presenta en la casa;
lleva en el dedo un anillo
y en los ojos esmeraldas,
la noche lleva en el pelo
y en los dientes la mañana.
Pegando voces pregunta
por el dueño de la casa.
Cuando yo escucho sus gritos
lo miro por la ventana
olvidando que el vestido
quedó olvidado en la cama.
¿Quién será el que tanto grita,
por qué brilla su mirada
con ese fulgor de estrellas
sobre sus dientes de nácar?
Que ha muerto la niña grande,
que recuelga de una rama
su cuerpo puro de niña
en el frío de la escarcha;
que vaya mi padre pronto
para ayudar a bajarla
que ya la rondan los cuervos
bajo la luna de plata.
Yo desnuda lo contemplo,
mis pechos al verlo saltan
pues son dos cisnes alados
que esperan la luz del alba
como quien espera el fuego
de ese deseo que abrasa
los sentidos cuando llega
dejando frío en su marcha.
Solo me mira en silencio,
tan solo me mira y no habla,
yo solo su cuerpo miro
y no pronuncio palabra.
Cojo el vestido y me cubro
y los cisnes ya reclaman
unos dedos como el viento
y unos labios como brasas.

Eladio Parreño Elías

18-mayo-2013


Mi querido amigo, cada día me sorprendes con tu talento, tus versos llevan una chispa genuina y brillante. Los has trabajado fantásticamente. Una vez más, haces gala de tu creatividad y talento.

Me ha encantado.

Besos y estrellas múltiples, para tu lírica.
 
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Una noche de tormenta
Ricardo que así se llama
el joven de cuerpo enjuto
que se presenta en la casa;
lleva en el dedo un anillo
y en los ojos esmeraldas,
la noche lleva en el pelo
y en los dientes la mañana.
Pegando voces pregunta
por el dueño de la casa.
Cuando yo escucho sus gritos
lo miro por la ventana
olvidando que el vestido
quedó olvidado en la cama.
¿Quién será el que tanto grita,
por qué brilla su mirada
con ese fulgor de estrellas
sobre sus dientes de nácar?
Que ha muerto la niña grande,
que recuelga de una rama
su cuerpo puro de niña
en el frío de la escarcha;
que vaya mi padre pronto
para ayudar a bajarla
que ya la rondan los cuervos
bajo la luna de plata.
Yo desnuda lo contemplo,
mis pechos al verlo saltan
pues son dos cisnes alados
que esperan la luz del alba
como quien espera el fuego
de ese deseo que abrasa
los sentidos cuando llega
dejando frío en su marcha.
Solo me mira en silencio,
tan solo me mira y no habla,
yo solo su cuerpo miro
y no pronuncio palabra.
Cojo el vestido y me cubro
y los cisnes ya reclaman
unos dedos como el viento
y unos labios como brasas.

Eladio Parreño Elías

18-mayo-2013
 
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Una noche de tormenta
Ricardo que así se llama
el joven de cuerpo enjuto
que se presenta en la casa;
lleva en el dedo un anillo
y en los ojos esmeraldas,
la noche lleva en el pelo
y en los dientes la mañana.
Pegando voces pregunta
por el dueño de la casa.
Cuando yo escucho sus gritos
lo miro por la ventana
olvidando que el vestido
quedó olvidado en la cama.
¿Quién será el que tanto grita,
por qué brilla su mirada
con ese fulgor de estrellas
sobre sus dientes de nácar?
Que ha muerto la niña grande,
que recuelga de una rama
su cuerpo puro de niña
en el frío de la escarcha;
que vaya mi padre pronto
para ayudar a bajarla
que ya la rondan los cuervos
bajo la luna de plata.
Yo desnuda lo contemplo,
mis pechos al verlo saltan
pues son dos cisnes alados
que esperan la luz del alba
como quien espera el fuego
de ese deseo que abrasa
los sentidos cuando llega
dejando frío en su marcha.
Solo me mira en silencio,
tan solo me mira y no habla,
yo solo su cuerpo miro
y no pronuncio palabra.
Cojo el vestido y me cubro
y los cisnes ya reclaman
unos dedos como el viento
y unos labios como brasas.

Eladio Parreño Elías

18-mayo-2013


Excelente poesía, una maravilla Eladio.
Me has recordado a Lorca , que preciosidad de romance, hay dramatismo, erotismo, y sobre todo una calidad literaria sobresaliente.
Un poema de premio si de mí dependiera
Con mi admiración recibe mi fraternal abrazo
 
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Una noche de tormenta
Ricardo que así se llama
el joven de cuerpo enjuto
que se presenta en la casa;
lleva en el dedo un anillo
y en los ojos esmeraldas,
la noche lleva en el pelo
y en los dientes la mañana.
Pegando voces pregunta
por el dueño de la casa.
Cuando yo escucho sus gritos
lo miro por la ventana
olvidando que el vestido
quedó olvidado en la cama.
¿Quién será el que tanto grita,
por qué brilla su mirada
con ese fulgor de estrellas
sobre sus dientes de nácar?
Que ha muerto la niña grande,
que recuelga de una rama
su cuerpo puro de niña
en el frío de la escarcha;
que vaya mi padre pronto
para ayudar a bajarla
que ya la rondan los cuervos
bajo la luna de plata.
Yo desnuda lo contemplo,
mis pechos al verlo saltan
pues son dos cisnes alados
que esperan la luz del alba
como quien espera el fuego
de ese deseo que abrasa
los sentidos cuando llega
dejando frío en su marcha.
Solo me mira en silencio,
tan solo me mira y no habla,
yo solo su cuerpo miro
y no pronuncio palabra.
Cojo el vestido y me cubro
y los cisnes ya reclaman
unos dedos como el viento
y unos labios como brasas.

Eladio Parreño Elías

18-mayo-2013
Sensualidad, belleza e ingenio para un muy hermoso poema. Me ha gustado mucho tu manera de escribirlo amigo Eladio. Un abrazo. Paco.
 

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