Sentados ante la clemencia del mar,
Untados por las navajas de la brisa,
Tu piel atezada, lisa de hosca noche,
Sostiene reflejos. Aire de mis caricias
Prueba a borrar las tacas de tu piel
Que la luz de luna en tu cuero tinta.
Miras al cielo, yo miro tu universo.
Un bajel farolero exhibe rosas y tilas.
-¿Y qué si sin tus ojos pardos? Como
Luces de inciensos bruman y miran,
Y se otean más estrellas en tus iris
Que las que en el cielo titilan.-
- Amor, por la música de tus palabras
Sé que no son prosa: son poesía.
Pero con esta noche y con esta luna,
No tienes boca ni lengua: tienes lira.-
Sentados, una fina capa de brillo unge
Nuestro cuerpo. El vahaje llora y lima
La piel, mientras la sonora calidez de
Las olas talla la partidura de la orilla.
Te hablo con tu silencio, hermoso
De plata y albero, y entre melodías,
Los astros que bailan cada noche,
Callo tu silencio, miro tus poesías.
Miro tu efímero instante, muesca
En la memoria de olvidadas agonías,
Sin varas de vidas eternas, sin Dios
Que reza y consuela. Divino vigía
Déjame de otros paraísos perennes,
Mientras el cielo aún suena y gira,
Noche ésta donde son constelaciones
Sus ojos pardos de ancestral calina.
Untados por las navajas de la brisa,
Tu piel atezada, lisa de hosca noche,
Sostiene reflejos. Aire de mis caricias
Prueba a borrar las tacas de tu piel
Que la luz de luna en tu cuero tinta.
Miras al cielo, yo miro tu universo.
Un bajel farolero exhibe rosas y tilas.
-¿Y qué si sin tus ojos pardos? Como
Luces de inciensos bruman y miran,
Y se otean más estrellas en tus iris
Que las que en el cielo titilan.-
- Amor, por la música de tus palabras
Sé que no son prosa: son poesía.
Pero con esta noche y con esta luna,
No tienes boca ni lengua: tienes lira.-
Sentados, una fina capa de brillo unge
Nuestro cuerpo. El vahaje llora y lima
La piel, mientras la sonora calidez de
Las olas talla la partidura de la orilla.
Te hablo con tu silencio, hermoso
De plata y albero, y entre melodías,
Los astros que bailan cada noche,
Callo tu silencio, miro tus poesías.
Miro tu efímero instante, muesca
En la memoria de olvidadas agonías,
Sin varas de vidas eternas, sin Dios
Que reza y consuela. Divino vigía
Déjame de otros paraísos perennes,
Mientras el cielo aún suena y gira,
Noche ésta donde son constelaciones
Sus ojos pardos de ancestral calina.