Una oruga antropófaga.

Eduardo Bretón

Poeta recién llegado
Ella era de una obesidad mórbida y olía a papas fritas de mcdonalds... me observó de una manera francamente obscena mientras sus entrañas emitían sonidos guturales inquietantes que me hacían pensar que podría reventar en cualquier momento. El cabello era largo y ondulado, se veía seboso de manera tal, que supuse que tenía algunos ayeres sin cuidados. Llevaba un vestido amarillo entallado a modo de oruga contraída en los manejes del cuerpo fácil a la caricia; era evidente que le hacía falta un profano dispuesto a gastar en ese masoquismo visual que tenía frente a mí. Me sonrió con singular alegría y yo traté de devolverle la sonrisa caballerosamente, mientras formaba una fotografía distante de la mujer que amo y que simplemente no compaginaba con ese ser inmaterial, grasoso y etéreo con motivos que evocaban un movimiento amiboideo y flagelar que, sinceramente, me hacía sentir bastante incómodo. Me tocó el hombro de manera rapaz mientras se sentaba en mi mesa invitándome a que le obsequiara una cerveza, la de cortesía. Algo dentro de mí me hizo sentir un profundo temor a ser consumido en una aquelarre orgiástica mientras esa oruga antropófaga trataba de asegurarse a la silla. Sentí de repente un pánico escénico por lo que le pedí la cuenta y salí huyendo de ese antro de mala muerte prometiéndome no regresar jamás. ¿Ahora entiendes cuánto daño me hace tu ausencia, amo mío?
 
Ella era de una obesidad mórbida y olía a papas fritas de mcdonalds... me observó de una manera francamente obscena mientras sus entrañas emitían sonidos guturales inquietantes que me hacían pensar que podría reventar en cualquier momento. El cabello era largo y ondulado, se veía seboso de manera tal, que supuse que tenía algunos ayeres sin cuidados. Llevaba un vestido amarillo entallado a modo de oruga contraída en los manejes del cuerpo fácil a la caricia; era evidente que le hacía falta un profano dispuesto a gastar en ese masoquismo visual que tenía frente a mí. Me sonrió con singular alegría y yo traté de devolverle la sonrisa caballerosamente, mientras formaba una fotografía distante de la mujer que amo y que simplemente no compaginaba con ese ser inmaterial, grasoso y etéreo con motivos que evocaban un movimiento amiboideo y flagelar que, sinceramente, me hacía sentir bastante incómodo. Me tocó el hombro de manera rapaz mientras se sentaba en mi mesa invitándome a que le obsequiara una cerveza, la de cortesía. Algo dentro de mí me hizo sentir un profundo temor a ser consumido en una aquelarre orgiástica mientras esa oruga antropófaga trataba de asegurarse a la silla. Sentí de repente un pánico escénico por lo que le pedí la cuenta y salí huyendo de ese antro de mala muerte prometiéndome no regresar jamás. ¿Ahora entiendes cuánto daño me hace tu ausencia, amo mío?

Jajajajaja.... genial... cuánto me hiciste reir, mi estimado Eduardo... genial....

cuando aún estabas con tu amada, dónde la llevabas a comer? a Mcdonals? jajajaja

Un gran abrazo amigo.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba