Una Primera Vez
Hoy nace una primera vez,
nace en la alegría de miles de plumas
que juntos hoy le hablamos a la vida.
Hoy de la mano de mi viejo lápiz,
camino al encuentro de miles de poetas
que juntos vienen caminando a un pueblo,
donde veremos crecer la música de las letras.
Veremos como flores y palabras,
adornen el jardín de la Mirada.
Veremos como manos se extiendan,
distribuyendo al viento amor
en granos cosechados en los campos del alma.
Es así:
Mi lápiz.
Mi papel.
Yo.
Aquí estamos,
para entregarnos al abrazo de los brazos.
Es ahora cuando extienda el recuerdo en versos,
en estas letras que vienen de mi.
Voy a entregar a otros poetas,
la voz de unos regalos
con sonido a trigo.
A maiz.
Olor a Chile.
Hermanos y hermanas,
vengo dispuesto abrir el secreto de mi baúl.
Vengo dispuesto a entregar a vuestros ojos,
una luz que recogí en los parajes de la selva,
donde el verde inmenso me entrego su nombre,
en un escenario de inmóviles hojas
y aquel abierto beso embebido,
nacido en una sexual noche de piedras y vientos.
Esos recuerdos que hoy los hago presente,
Los encontré ahí
Si: donde las campanas siempre se mezclan,
con la diferencia del sonido
que mora en el canto ese
que repica la ironía de la historia.
Soy un poeta que arrastro conmigo,
a todas mis amigas las ideas
les traigo en diferentes maletas llenas de letras,
unas que lloran.
Otras que cantan.
Otras que viven,
para adorar y hablar de perfumes locos
perversos desde la distancia de las faldas.
Las que lloran?
Son letras con arrugas y edades
que herede de hombres y mujeres
dueños de arados.
Dueños de picos y palas
explotados allá en las Alturas
de mi América y sus Andes Cordillera.
En mis poemas siempre llevo,
el aroma que nace del hambre campesina.
Inspiración del canto de mis tristezas,
que se despliega por los secretos
que irrigan los surcos de la vida.
En sí
Este dia.
Esta noche,
en que el saludo de los poetas
abraza al mundo como una O
venida de las vocales,
así
Como un solo redondo encanto del universo.
Quiero que estas letras reflejen un que tal,
de esta alma que desde lejos
cabalga con el viento que trepe,
aquí en Arizona y su desierto.
Estoy llegando con mis manos llenas de arenas.
Estoy llegando con verdes, verdes hojas de lechugas,
unas que no saben al sabor de odio
ni traen ningún mensaje de hombres y sus guerras.
Aquellos que no conocen la luz que vive,
en la distracción del alma
que como polen se derrama
de esa flor que llamamos poesía.
Los hombres, campesinos de mi pueblo,
traen nomás el aliento de la tierra.
Estas legumbres son un regalo
de otros hombres diferentes de mi patria.
Son ellos los que dicen a mi canto,
que cuando mis palabras lleguen ante vosotros,
no traigan el olor a pólvora de muerte
desperdigadas en otros desiertos y sus arenas.
No quiero mis palabras aparezcan,
como mensaje en la humedad de una lagrima,
oh en lo negro de un luto
derramado en esos caudales que brotan del corazón,
de hijos de poetas muertos en batalla.
De poetas acribillados con su pluma
sin saber que otro poeta
disparo para borrar la lisa melancolía,
en una ráfaga que llevaba
adornando la luz caminante de los días.
Quiero entonces arribar,
con una alegría que reacogí huyendo de la tristeza.
Siendo así?
Esta vez,
entrego a cada uno de los obreros de la pluma,
cada color que le levanta
de las auroras y sus celajes.
Entrego si:
un solo manantial de encantos
recogidos en la extensión del planeta
que bañándose viven
en el liquido cristal
ese que adorna lagos,
que adorna ríos.
Vengo pues,
hablando mi palabra
En el paso y viaje de nubes,
que se extienden en todo amante de la pluma.
Lo deposito con la calma de mi tiempo,
en ese silencio que de nostalgias
se torna vida y canto,
ah Pero levanta si
la expresión de las espumas,
que nacen de un suspiro del agua
aquí en este manantial del alma.
Un abrazo nació en mi mano,
por la luz de los poetas
esos que hoy
si ahora,
iluminan los secretos que crecen.
Que viven,
en esta larga y verde hortaliza,
que adorna cada espacio
marcado ahí:
donde se encuentran palpitando,
los ojos del mundo.
Así lanzo el polen que encierra mi saludo,
donde crezcan auroras de esperanza,
como un retoño
que florece en el largo de un edén
Recostado,
tendido ahí
en la distancia de una mano.
Negor Len
Hoy nace una primera vez,
nace en la alegría de miles de plumas
que juntos hoy le hablamos a la vida.
Hoy de la mano de mi viejo lápiz,
camino al encuentro de miles de poetas
que juntos vienen caminando a un pueblo,
donde veremos crecer la música de las letras.
Veremos como flores y palabras,
adornen el jardín de la Mirada.
Veremos como manos se extiendan,
distribuyendo al viento amor
en granos cosechados en los campos del alma.
Es así:
Mi lápiz.
Mi papel.
Yo.
Aquí estamos,
para entregarnos al abrazo de los brazos.
Es ahora cuando extienda el recuerdo en versos,
en estas letras que vienen de mi.
Voy a entregar a otros poetas,
la voz de unos regalos
con sonido a trigo.
A maiz.
Olor a Chile.
Hermanos y hermanas,
vengo dispuesto abrir el secreto de mi baúl.
Vengo dispuesto a entregar a vuestros ojos,
una luz que recogí en los parajes de la selva,
donde el verde inmenso me entrego su nombre,
en un escenario de inmóviles hojas
y aquel abierto beso embebido,
nacido en una sexual noche de piedras y vientos.
Esos recuerdos que hoy los hago presente,
Los encontré ahí
Si: donde las campanas siempre se mezclan,
con la diferencia del sonido
que mora en el canto ese
que repica la ironía de la historia.
Soy un poeta que arrastro conmigo,
a todas mis amigas las ideas
les traigo en diferentes maletas llenas de letras,
unas que lloran.
Otras que cantan.
Otras que viven,
para adorar y hablar de perfumes locos
perversos desde la distancia de las faldas.
Las que lloran?
Son letras con arrugas y edades
que herede de hombres y mujeres
dueños de arados.
Dueños de picos y palas
explotados allá en las Alturas
de mi América y sus Andes Cordillera.
En mis poemas siempre llevo,
el aroma que nace del hambre campesina.
Inspiración del canto de mis tristezas,
que se despliega por los secretos
que irrigan los surcos de la vida.
En sí
Este dia.
Esta noche,
en que el saludo de los poetas
abraza al mundo como una O
venida de las vocales,
así
Como un solo redondo encanto del universo.
Quiero que estas letras reflejen un que tal,
de esta alma que desde lejos
cabalga con el viento que trepe,
aquí en Arizona y su desierto.
Estoy llegando con mis manos llenas de arenas.
Estoy llegando con verdes, verdes hojas de lechugas,
unas que no saben al sabor de odio
ni traen ningún mensaje de hombres y sus guerras.
Aquellos que no conocen la luz que vive,
en la distracción del alma
que como polen se derrama
de esa flor que llamamos poesía.
Los hombres, campesinos de mi pueblo,
traen nomás el aliento de la tierra.
Estas legumbres son un regalo
de otros hombres diferentes de mi patria.
Son ellos los que dicen a mi canto,
que cuando mis palabras lleguen ante vosotros,
no traigan el olor a pólvora de muerte
desperdigadas en otros desiertos y sus arenas.
No quiero mis palabras aparezcan,
como mensaje en la humedad de una lagrima,
oh en lo negro de un luto
derramado en esos caudales que brotan del corazón,
de hijos de poetas muertos en batalla.
De poetas acribillados con su pluma
sin saber que otro poeta
disparo para borrar la lisa melancolía,
en una ráfaga que llevaba
adornando la luz caminante de los días.
Quiero entonces arribar,
con una alegría que reacogí huyendo de la tristeza.
Siendo así?
Esta vez,
entrego a cada uno de los obreros de la pluma,
cada color que le levanta
de las auroras y sus celajes.
Entrego si:
un solo manantial de encantos
recogidos en la extensión del planeta
que bañándose viven
en el liquido cristal
ese que adorna lagos,
que adorna ríos.
Vengo pues,
hablando mi palabra
En el paso y viaje de nubes,
que se extienden en todo amante de la pluma.
Lo deposito con la calma de mi tiempo,
en ese silencio que de nostalgias
se torna vida y canto,
ah Pero levanta si
la expresión de las espumas,
que nacen de un suspiro del agua
aquí en este manantial del alma.
Un abrazo nació en mi mano,
por la luz de los poetas
esos que hoy
si ahora,
iluminan los secretos que crecen.
Que viven,
en esta larga y verde hortaliza,
que adorna cada espacio
marcado ahí:
donde se encuentran palpitando,
los ojos del mundo.
Así lanzo el polen que encierra mi saludo,
donde crezcan auroras de esperanza,
como un retoño
que florece en el largo de un edén
Recostado,
tendido ahí
en la distancia de una mano.
Negor Len