solo paz
Poeta recién llegado
Una puerta de esperanza
En penumbras una noche me encontré,
ya que la luna y las estrellas
corrieron asustadas a esconderse,
tras mirar como el mundo estaba
a punto de caer.
Sentada en el suelo de la nostalgia,
sin mayor rutina que mirar sin mirar.
Y entre la más triste oscuridad estaba.
Pues si, casi oculta me encontraba,
hasta que escuche al fin un sonido
distinto al de la voz de la soledad.
Escuche un canto, un canto esperanzador.
Casi asustada al sentir este nuevo sonido
levante mi vista,
tratando de ver algo más novedoso
que la oscuridad y la decepción
que me rodeaban.
Pero, no.
Nada nuevo había ahí.
Entonces, volviendo a mi realidad
Irreal caí en un mar de llantos.
Y tan solo deje que mi esperanza
volara con la humilde brisa,
que había en aquel lugar.
Así, estuve por algunos segundos
derrotada por aquel desierto melancólico.
Hasta, que el sonido volvió
y esta vez, fue más fuerte.
Y a pesar, de que creí que tan solo
era mi dulce locura la que se hacia presente,
asome mi mirada hacia el lugar
que recordaba era el escape a la nada.
Y vi. Al fin una luz de aliento.
Una luz mágica que encandilaba.
Alucinada corrí a alcanzarla.
Salte entre restos de palabras muertas
y dolor desparramado.
y abrí una puerta de nombre esperanza,
que pertenecía a esa nueva ilusión,
que anhelaba no fuera fugaz.
En penumbras una noche me encontré,
ya que la luna y las estrellas
corrieron asustadas a esconderse,
tras mirar como el mundo estaba
a punto de caer.
Sentada en el suelo de la nostalgia,
sin mayor rutina que mirar sin mirar.
Y entre la más triste oscuridad estaba.
Pues si, casi oculta me encontraba,
hasta que escuche al fin un sonido
distinto al de la voz de la soledad.
Escuche un canto, un canto esperanzador.
Casi asustada al sentir este nuevo sonido
levante mi vista,
tratando de ver algo más novedoso
que la oscuridad y la decepción
que me rodeaban.
Pero, no.
Nada nuevo había ahí.
Entonces, volviendo a mi realidad
Irreal caí en un mar de llantos.
Y tan solo deje que mi esperanza
volara con la humilde brisa,
que había en aquel lugar.
Así, estuve por algunos segundos
derrotada por aquel desierto melancólico.
Hasta, que el sonido volvió
y esta vez, fue más fuerte.
Y a pesar, de que creí que tan solo
era mi dulce locura la que se hacia presente,
asome mi mirada hacia el lugar
que recordaba era el escape a la nada.
Y vi. Al fin una luz de aliento.
Una luz mágica que encandilaba.
Alucinada corrí a alcanzarla.
Salte entre restos de palabras muertas
y dolor desparramado.
y abrí una puerta de nombre esperanza,
que pertenecía a esa nueva ilusión,
que anhelaba no fuera fugaz.