EL ARPONERO DE LA TINTA
Poeta asiduo al portal
Mares y espumas gritan tras furias, ansiedades,
en un crisol fantasma mientras la luna blanca
pariendo su desnudo, besando la ensenada,
el asombro transpira fulgiendo mi venero.
Allí, todo misterio, tras las ambigüedades
a la razón pervierte con su pasión estanca;
y en el lecho, trocando, trasvertida de hada
entre su fragua dulce, la fe del marinero
imanta en su colirio, convirtiendo la sal
en sutil esperanza, de ardor desbocado
y le regala el mapa precioso de su piel
y del Edén, la fruta y todo su mistel;
ésa manzana roja de porte magistral
que agüita hace en mi boca, ¡como su pecho amado!