Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pensativo, casi ausente; inerme ante el hondo dolor que lo atravesaba, recorría los pensamientos de su maltratada memoria en busca de una luz que se ausentaba.
Era un día como muchos, lleno de tristeza.
Sentado en su cama, a un lado, su mesita de noche guardaba el frío metal cargado de plomo, -dame una señal Dios mío, decía Efraím, quien no postergaría un minuto más en este mundo tan despectivo.
Sacó el arma, frívola que apuntaba en su sien, invadido de miedo e incertidumbre le temblaban sus húmedas manos,y sin dar un paso atrás, disparó.
Cuando abrió sus ojos, estaba ahí mismo.
El sol se coló por la ventana y daba en su rostro.
(la Pistola estaba sin balas)