Diego Lewi
Poeta adicto al portal
Una vez fui el mejor amante
Dios es testigo de mis palabras
que ni el mar ni la tierra alcanza
a cubrir mis dichos
no cuiden nada que al nicho
no podrán llevarse nada.
Ella era la que más amaba
nada a esto podía compararse
nada siquiera podía acercarse
a la dicha que sentía
toda ella era mía
en nuestro futuro no se veía desastre.
Pero historia más perfecta no podía durar
ella era más fina que una rosa
la que con su mirada iluminaba cualquier cosa
tenía que ser todo una quimera
la mala suerte fue primera
y murió cual delicada mariposa.
No hay lágrima más desgraciada
que la que se pierde por una amante
quiera Dios que el semblante
cambie para que la amargada
faz que quedó demacrada
vuelva a brillar como antes.
Y si aun persiste
que lloremos cual desbordado río
con intenso y sombrío brío
la pena que se suelta
no busquemos remedio y demos vuelta
la página y empecemos un nuevo desafío.
Las lágrimas ya fueron derramadas.
Dios es testigo de mis palabras
que ni el mar ni la tierra alcanza
a cubrir mis dichos
no cuiden nada que al nicho
no podrán llevarse nada.
Ella era la que más amaba
nada a esto podía compararse
nada siquiera podía acercarse
a la dicha que sentía
toda ella era mía
en nuestro futuro no se veía desastre.
Pero historia más perfecta no podía durar
ella era más fina que una rosa
la que con su mirada iluminaba cualquier cosa
tenía que ser todo una quimera
la mala suerte fue primera
y murió cual delicada mariposa.
No hay lágrima más desgraciada
que la que se pierde por una amante
quiera Dios que el semblante
cambie para que la amargada
faz que quedó demacrada
vuelva a brillar como antes.
Y si aun persiste
que lloremos cual desbordado río
con intenso y sombrío brío
la pena que se suelta
no busquemos remedio y demos vuelta
la página y empecemos un nuevo desafío.
Las lágrimas ya fueron derramadas.