musador
esperando...
Hombre convencido de sus ideas fue Miguel de Unamuno, y consecuente con ellas. También, por cierto, voluble en ellas. Solo menciono los trágicos episodios que estas características lo llevaron a protagonizar en 1936, que lo dejaron justamente mal parado a los ojos de muchos de los poetas de su época: no es este el asunto de este artículo.
A principios del siglo XX, cuando Unamuno escribe sus primeras poesías, la gran novedad era el modernismo, hegemonizado por la fulgurante presencia de Rubén Darío. Unamuno toma distancia de este movimiento, remitiéndose como referentes más bien a Bécquer y a los poetas italianos Leopardi y Carducci.
Con una actitud duramente crítica hacia Darío, practica el verso no rimado o con rima asonante en su libro Poesías [1907] (mayormente en silvas).
Transcribo un párrafo de [1]:
"En 1907, apenas publicado el volumen Poesías, Unamuno escribe una larga carta al uruguayo Carlos Vaz Ferreira en la que afirma: «Yo no pretendo ser un virtuoso del ritmo [ ... ] He tendido a que mis poesías lo sean de contenido poético, convencido de que el ritmo brota de éste y de que es necedad ponerme exprofeso a escribir versos cuando no le canta a uno algo dentro [ ... ]. El ritmo ha de responder al pensamiento poético y cuando éste es, como creo lo es en mí, austero y hasta adusto, la forma debe serlo también. Por eso me repugna la rima, que me parece demasiado sensuaL Además la rima establece un elemento de asociación externa de ideas --rima generatrice-- buena para quien hace poesía de fuera adentro. Rubén Darío, v. gr., necesita de la rima para enlazar y dar coherencia a sus concepciones poéticas, que suelen ser caleidoscópicas y faltas de lazo interior. Perdido ese hilo caería en impresiones desligadas, en una verdadera sarta sin cuerda. Pero a mí la rima me estorba». Dos meses más tarde, en carta a su amigo Francisco Antón, Unamuno insiste en que utiliza unidades métricas tradicionales, sin más novedad que suprimir la rima, y añade: «El modernismo gusta de la rima y las busca ricas; yo creo que ese bárbaro artificio, nacido en la decadencia romana, es un halago meramente sensual de oídos poco finos y ataraza el pensamiento. Casi las mismas cosas que se me están diciendo se las dijeron a Carducci cuando empezaba y él continuó sin hacer caso, como continuaré yo»"
Incluye Unamuno sin embargo algunos sonetos en «Poesías» (10 en total), de los que el primero es el siguiente:
A LA RIMA
Macizas ruedas en pesado carro,
al eje fijas, rechinante rima,
¡¡con qué trabajo llegas a la cima
si al piso se te pone algún guijarro!
Al tosco buey, que no al corcel bizarro,
el peso bruto de tu lanza oprima,
pues al buey sólo tu chirrido anima
cuando en piedras te atascas o en el barro.
Mas en tanto no quede, sin maraña,
la selva, como el mar, toda camino,
tira, noble corcel, de ese armatoste.
Pues más te vale la coyunda extraña,
no siendo aún la libertad tu sino,
que estarte en el establo atado a un poste.
¿Voluble? A mediados de 1910, solo tres años después, don Miguel emprende la composición de una colección de sonetos, que publica en 1911 con el título de «Rosario de sonetos líricos» (¡127 sonetos!).
"En el artículo «El desinterés intelectual», publicado en La Nación, de Buenos Aires, el 3 de marzo de 1911, Unamuno confiesa su reciente dedicación al soneto y se refiere a la rima, «a la que tanto he desdeñado, pero con la que empiezo a congraciarme. Porque la rima, señora, es una fuente de asociación de ideas y una fuente que no depende de nuestra voluntad. Es el lenguaje que se nos impone; es algo social, algo objetivo. Para colocar un consonante, tenemos que dar al pensamiento un giro nuevo. La rima representa el azar, y el azar es la primera fuerza creadora>>"(de [1]).
Este tema, el de la fuerza creadora del azar, es el del soneto que os presento para el comentario. Es el XXX del «Rosario de sonetos líricos»:
LA LEY del MILAGRO
Hay la ley del milagro que regula
cuanto escapa a otra ley pues ni Dios mismo,
con su poder, se arranca del abismo
en el que toda sinrazón se anula.
Es ley de vida que no se formula
en trazado ni en cifras de guarismo
mas la mente compréndela en bautismo
y con nombre de azar la disimula.
Dios a dos manos teje en su telar
con la zurda llevando el recio trazo
que el hombre a ciencia logra sujetar,
mientras su diestra en ese cañamazo
borda al santo capricho del azar
que es del progreso el poderoso brazo.
S. 24IX 10.
Veo muy probable que la lectura que motivó este soneto haya sido la del Capítulo IV del libro de Antoine-Augustin Cournot «Exposition de la théorie des chances et des probabilitiés» (Paris, 1843). En este texto Cournot polemiza con la idea habitual de que la noción de azar es necesaria simplemente porque carecemos de toda la información, siendo la realidad en verdad totalmente determinística (con esta idea el azar sería ajeno a Dios, que todo lo sabe). Basándose en una interpretación muy correcta, sorprendente para su época, del principio de regularidad estadística(*) (la denominación no es suya), Cournot lo postula como ley objetiva del azar. Esta polémica visión del azar como factor objetivo tendría enorme trascendencia poco después en la obra de Maxwell (en física) y Darwin (en biología). De hecho Cournot se pregunta acerca de la relación entre su discusión y la existencia de un Dios, viendo a este como regulando la acción de esta ley, exactamente el papel que Unamuno le adjudica a la diestra divina. Según este análisis, la siniestra divina es la que dibuja los fenómenos determinísticos, accesibles a la ciencia basada en el principio de causalidad.
En cuanto a la potencia creadora del azar: ¿qué ejemplo más gigantesco que el que Darwin le otorga en su teoría de la evolución? (en febrero de 1909, con motivo del centenario del nacimiento de Darwin, Unamuno, evolucionista convencido, fue protagonista especial de los actos realizados en la universidad de Valencia, ver http://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0CBwQFjAA&url=http://hicido.uv.es/Darwin/&ei=FoJ8VPx2yac2iK2E0As&usg=AFQjCNFFt67w1KV0aG30Cmrid3VSA0Y7PA&sig2=JzPgRZgblYV2rlU7v013vg&bvm=bv.80642063,d.cGE&cad=rja )
Hecha esta discusión acerca de los asuntos trascendentes con los que el soneto se relaciona, volvamos a la frase de Unamuno antes citada: «Para colocar un consonante, tenemos que dar al pensamiento un giro nuevo. La rima representa el azar, y el azar es la primera fuerza creadora». Sabemos que la rima es un aspecto de la forma: el poeta que elige una forma, que somete en cierto sentido su contenido a ella, pone su labor creativa en el contexto de la dialéctica de contenido y forma. Este forzamiento resulta menos manifiesto en el caso de la métrica, porque el ritmo es mucho más natural que la rima. Para poetas dotados de un oído refinado la métrica no es un requisito formal pesado (Unamuno escribía de oído). La rima, exigente en el caso del soneto, es en cambio un requisito externo menos natural. Obliga al poeta a la búsqueda de formas de decir, a la indagación en la lengua: en este sentido es una fuerza creadora. No deja de ser muy interesante el carácter místico que la forma asume con este enfoque de Unamuno.
Para terminar, un breve análisis del soneto desde un punto de vista más técnico. Unamuno era un hombre sumamente instruido, y excelente prosista. El soneto está, desde ya, muy bien escrito (hay una elisión de artículo molesta, quizás: en el verso 8 diría «el nombre»). Las rimas me parecen excelentes, aunque no les veo riqueza en efectos significativos: me refiero a esos efectos que a veces logramos al establecer mediante la rima relaciones llamativas entre significados, ya sea por analogía o por contraste. En cuanto a la métrica...:
Hay la ley del milagro que regula
cuanto escapa a otra ley pues ni Dios mismo,(1)
con su poder, se arranca del abismo (2)
en el que toda sinrazón se anula.
Es ley de vida que no se formula (3)
en trazado ni en cifras de guarismo
mas la mente compréndela en bautismo
y con nombre de azar la disimula.
Dios a dos manos teje en su telar
con la zurda llevando el recio trazo
que el hombre a ciencia logra sujetar,
mientras su diestra en ese cañamazo
borda al santo capricho del azar
que es del progreso el poderoso brazo.
1. Dos detalles interesantes veo en este verso. La sinalefa triple en «escapa a otra», que me parece difícil de ejecutar (Andrés Bello, en su Ortología, comenta esta dificultad en los casos en que en un encuentro interviene, como en este, la preposición «a»). El otro es el acento en novena, nada menos que en la palabra «Dios». No veo que afecte seriamente al ritmo, «diosmismo» parece ser ejecutable como una sola palabra.
2. Este verso es un «endecasílabo a la francesa», fluctuante entre endecasílabo y dodecasílabo 5+7. No desentona a mi oído si se soslaya la pausa después de «poder» en la ejecución. De hecho, las comas que encierran a «con su poder» bien podrían ser eliminadas.
3. Este verso es, a mi criterio, dactílico, y desentona con los restantes a mi oído.
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Bibliografía.
1. Unamuno, Miguel de, Obra Completa, Tomo 4 (Biblioteca Castro): Introducción de Ricardo Senabre.
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(*) Pongo acá un ejemplo para ilustrar el principio de regularidad estadística:
Supongamos que se nos presenta un bolillero en el que sabemos que hay cien bolillas, algunas blancas y otras negras. Se nos desafía a averiguar cuántas bolillas blancas hay en el bolillero mediante el recurso de observar, repetidas veces, una única bolilla reintegrándola al bolillero. ¿Es posible resolver este problema? Es decir, ¿se manifiesta el número de bolillas blancas en la secuencia de apariciones de colores que observamos? Suponed que en 10000 observaciones hemos visto 1311 veces una bolilla blanca: ¿cuántas bolillas blancas supondriáis que hay en el bolillero? Si respondéis de alguna forma a la pregunta, es por aplicación del principio de regularidad estadística.
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Nota: el pretencioso subtítulo de «Lecciones magistrales sobre poética clásica» que se le ha dado a este foro hace que publicar en él sea por mi parte un acto de desvergüenza. Sin embargo, considero muy útil que los usuarios interesados en aspectos más teóricos acerca de la poesía y su historia tengamos un espacio donde publicar y discutir acerca de estos asuntos, aunque sea sin grandes pretensiones. Además, la inhibición que ese subtítulo le imprime lo ha convertido en un foro casi muerto, lo que es una desgracia.
Por lo tanto he decidido publicar este escrito, desentendiéndome un poco de ese subtítulo inhibitorio.
Dejo, por supuesto, en manos de la Administración la decisión de moverlo a otro lado si se considera que el hecho de no ser «magistral» así lo aconseja.
j
A principios del siglo XX, cuando Unamuno escribe sus primeras poesías, la gran novedad era el modernismo, hegemonizado por la fulgurante presencia de Rubén Darío. Unamuno toma distancia de este movimiento, remitiéndose como referentes más bien a Bécquer y a los poetas italianos Leopardi y Carducci.
Con una actitud duramente crítica hacia Darío, practica el verso no rimado o con rima asonante en su libro Poesías [1907] (mayormente en silvas).
Transcribo un párrafo de [1]:
"En 1907, apenas publicado el volumen Poesías, Unamuno escribe una larga carta al uruguayo Carlos Vaz Ferreira en la que afirma: «Yo no pretendo ser un virtuoso del ritmo [ ... ] He tendido a que mis poesías lo sean de contenido poético, convencido de que el ritmo brota de éste y de que es necedad ponerme exprofeso a escribir versos cuando no le canta a uno algo dentro [ ... ]. El ritmo ha de responder al pensamiento poético y cuando éste es, como creo lo es en mí, austero y hasta adusto, la forma debe serlo también. Por eso me repugna la rima, que me parece demasiado sensuaL Además la rima establece un elemento de asociación externa de ideas --rima generatrice-- buena para quien hace poesía de fuera adentro. Rubén Darío, v. gr., necesita de la rima para enlazar y dar coherencia a sus concepciones poéticas, que suelen ser caleidoscópicas y faltas de lazo interior. Perdido ese hilo caería en impresiones desligadas, en una verdadera sarta sin cuerda. Pero a mí la rima me estorba». Dos meses más tarde, en carta a su amigo Francisco Antón, Unamuno insiste en que utiliza unidades métricas tradicionales, sin más novedad que suprimir la rima, y añade: «El modernismo gusta de la rima y las busca ricas; yo creo que ese bárbaro artificio, nacido en la decadencia romana, es un halago meramente sensual de oídos poco finos y ataraza el pensamiento. Casi las mismas cosas que se me están diciendo se las dijeron a Carducci cuando empezaba y él continuó sin hacer caso, como continuaré yo»"
Incluye Unamuno sin embargo algunos sonetos en «Poesías» (10 en total), de los que el primero es el siguiente:
A LA RIMA
Macizas ruedas en pesado carro,
al eje fijas, rechinante rima,
¡¡con qué trabajo llegas a la cima
si al piso se te pone algún guijarro!
Al tosco buey, que no al corcel bizarro,
el peso bruto de tu lanza oprima,
pues al buey sólo tu chirrido anima
cuando en piedras te atascas o en el barro.
Mas en tanto no quede, sin maraña,
la selva, como el mar, toda camino,
tira, noble corcel, de ese armatoste.
Pues más te vale la coyunda extraña,
no siendo aún la libertad tu sino,
que estarte en el establo atado a un poste.
¿Voluble? A mediados de 1910, solo tres años después, don Miguel emprende la composición de una colección de sonetos, que publica en 1911 con el título de «Rosario de sonetos líricos» (¡127 sonetos!).
"En el artículo «El desinterés intelectual», publicado en La Nación, de Buenos Aires, el 3 de marzo de 1911, Unamuno confiesa su reciente dedicación al soneto y se refiere a la rima, «a la que tanto he desdeñado, pero con la que empiezo a congraciarme. Porque la rima, señora, es una fuente de asociación de ideas y una fuente que no depende de nuestra voluntad. Es el lenguaje que se nos impone; es algo social, algo objetivo. Para colocar un consonante, tenemos que dar al pensamiento un giro nuevo. La rima representa el azar, y el azar es la primera fuerza creadora>>"(de [1]).
Este tema, el de la fuerza creadora del azar, es el del soneto que os presento para el comentario. Es el XXX del «Rosario de sonetos líricos»:
LA LEY del MILAGRO
Leyendo a Cournot
Hay la ley del milagro que regula
cuanto escapa a otra ley pues ni Dios mismo,
con su poder, se arranca del abismo
en el que toda sinrazón se anula.
Es ley de vida que no se formula
en trazado ni en cifras de guarismo
mas la mente compréndela en bautismo
y con nombre de azar la disimula.
Dios a dos manos teje en su telar
con la zurda llevando el recio trazo
que el hombre a ciencia logra sujetar,
mientras su diestra en ese cañamazo
borda al santo capricho del azar
que es del progreso el poderoso brazo.
S. 24IX 10.
Veo muy probable que la lectura que motivó este soneto haya sido la del Capítulo IV del libro de Antoine-Augustin Cournot «Exposition de la théorie des chances et des probabilitiés» (Paris, 1843). En este texto Cournot polemiza con la idea habitual de que la noción de azar es necesaria simplemente porque carecemos de toda la información, siendo la realidad en verdad totalmente determinística (con esta idea el azar sería ajeno a Dios, que todo lo sabe). Basándose en una interpretación muy correcta, sorprendente para su época, del principio de regularidad estadística(*) (la denominación no es suya), Cournot lo postula como ley objetiva del azar. Esta polémica visión del azar como factor objetivo tendría enorme trascendencia poco después en la obra de Maxwell (en física) y Darwin (en biología). De hecho Cournot se pregunta acerca de la relación entre su discusión y la existencia de un Dios, viendo a este como regulando la acción de esta ley, exactamente el papel que Unamuno le adjudica a la diestra divina. Según este análisis, la siniestra divina es la que dibuja los fenómenos determinísticos, accesibles a la ciencia basada en el principio de causalidad.
En cuanto a la potencia creadora del azar: ¿qué ejemplo más gigantesco que el que Darwin le otorga en su teoría de la evolución? (en febrero de 1909, con motivo del centenario del nacimiento de Darwin, Unamuno, evolucionista convencido, fue protagonista especial de los actos realizados en la universidad de Valencia, ver http://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0CBwQFjAA&url=http://hicido.uv.es/Darwin/&ei=FoJ8VPx2yac2iK2E0As&usg=AFQjCNFFt67w1KV0aG30Cmrid3VSA0Y7PA&sig2=JzPgRZgblYV2rlU7v013vg&bvm=bv.80642063,d.cGE&cad=rja )
Hecha esta discusión acerca de los asuntos trascendentes con los que el soneto se relaciona, volvamos a la frase de Unamuno antes citada: «Para colocar un consonante, tenemos que dar al pensamiento un giro nuevo. La rima representa el azar, y el azar es la primera fuerza creadora». Sabemos que la rima es un aspecto de la forma: el poeta que elige una forma, que somete en cierto sentido su contenido a ella, pone su labor creativa en el contexto de la dialéctica de contenido y forma. Este forzamiento resulta menos manifiesto en el caso de la métrica, porque el ritmo es mucho más natural que la rima. Para poetas dotados de un oído refinado la métrica no es un requisito formal pesado (Unamuno escribía de oído). La rima, exigente en el caso del soneto, es en cambio un requisito externo menos natural. Obliga al poeta a la búsqueda de formas de decir, a la indagación en la lengua: en este sentido es una fuerza creadora. No deja de ser muy interesante el carácter místico que la forma asume con este enfoque de Unamuno.
Para terminar, un breve análisis del soneto desde un punto de vista más técnico. Unamuno era un hombre sumamente instruido, y excelente prosista. El soneto está, desde ya, muy bien escrito (hay una elisión de artículo molesta, quizás: en el verso 8 diría «el nombre»). Las rimas me parecen excelentes, aunque no les veo riqueza en efectos significativos: me refiero a esos efectos que a veces logramos al establecer mediante la rima relaciones llamativas entre significados, ya sea por analogía o por contraste. En cuanto a la métrica...:
Hay la ley del milagro que regula
cuanto escapa a otra ley pues ni Dios mismo,(1)
con su poder, se arranca del abismo (2)
en el que toda sinrazón se anula.
Es ley de vida que no se formula (3)
en trazado ni en cifras de guarismo
mas la mente compréndela en bautismo
y con nombre de azar la disimula.
Dios a dos manos teje en su telar
con la zurda llevando el recio trazo
que el hombre a ciencia logra sujetar,
mientras su diestra en ese cañamazo
borda al santo capricho del azar
que es del progreso el poderoso brazo.
1. Dos detalles interesantes veo en este verso. La sinalefa triple en «escapa a otra», que me parece difícil de ejecutar (Andrés Bello, en su Ortología, comenta esta dificultad en los casos en que en un encuentro interviene, como en este, la preposición «a»). El otro es el acento en novena, nada menos que en la palabra «Dios». No veo que afecte seriamente al ritmo, «diosmismo» parece ser ejecutable como una sola palabra.
2. Este verso es un «endecasílabo a la francesa», fluctuante entre endecasílabo y dodecasílabo 5+7. No desentona a mi oído si se soslaya la pausa después de «poder» en la ejecución. De hecho, las comas que encierran a «con su poder» bien podrían ser eliminadas.
3. Este verso es, a mi criterio, dactílico, y desentona con los restantes a mi oído.
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1. Unamuno, Miguel de, Obra Completa, Tomo 4 (Biblioteca Castro): Introducción de Ricardo Senabre.
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(*) Pongo acá un ejemplo para ilustrar el principio de regularidad estadística:
Supongamos que se nos presenta un bolillero en el que sabemos que hay cien bolillas, algunas blancas y otras negras. Se nos desafía a averiguar cuántas bolillas blancas hay en el bolillero mediante el recurso de observar, repetidas veces, una única bolilla reintegrándola al bolillero. ¿Es posible resolver este problema? Es decir, ¿se manifiesta el número de bolillas blancas en la secuencia de apariciones de colores que observamos? Suponed que en 10000 observaciones hemos visto 1311 veces una bolilla blanca: ¿cuántas bolillas blancas supondriáis que hay en el bolillero? Si respondéis de alguna forma a la pregunta, es por aplicación del principio de regularidad estadística.
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Nota: el pretencioso subtítulo de «Lecciones magistrales sobre poética clásica» que se le ha dado a este foro hace que publicar en él sea por mi parte un acto de desvergüenza. Sin embargo, considero muy útil que los usuarios interesados en aspectos más teóricos acerca de la poesía y su historia tengamos un espacio donde publicar y discutir acerca de estos asuntos, aunque sea sin grandes pretensiones. Además, la inhibición que ese subtítulo le imprime lo ha convertido en un foro casi muerto, lo que es una desgracia.
Por lo tanto he decidido publicar este escrito, desentendiéndome un poco de ese subtítulo inhibitorio.
Dejo, por supuesto, en manos de la Administración la decisión de moverlo a otro lado si se considera que el hecho de no ser «magistral» así lo aconseja.
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