marioRolando
Poeta recién llegado
Hola, amigos de Mundopoesía.
He tenido por años la ilusión de escribir un poema épico. Éstas son unas cuantas de las estrofas que he escrito. El estilo es, claramente, octava real. Las presento así, cándidamente, sabiendo que probablemente tiene muchos errores.
Quiero saber que no estoy cometiendo una locura, ni que mi intento es vano. También quiero recalcar que mi intento es épica, no lírica: trato de contar una historia. Tal vez el lector pueda adivinar de cuál historia se trata.
Lógicamente, está prohibida su reproducción. Mi ilusión es que esto algún día sea un libro.
Un cordial saludo.
(...)
Del piélago infinito en lo profundo,
allende su región más tenebrosa,
do la luz se ha extinguido y un rotundo
silencio y un horror todo lo acosa,
un flujo misterioso y errabundo
conduce hasta una extraña, enorme fosa
en la que el alma, sola y desdichada,
añora con donarse a la gran Nada.
Allí, tras el penar y la ceguera,
tras la presión ingente, insoportable,
la mente visionando una quimera,
o huyendo de la muerte detestable,
y cuando el batiscafo ya no opera
por encontrarse en mundo innavegable,
el flujo se detiene y tras un giro
se nota un punto azul, como un zafiro.
Del sórdido y cruel negro se despierta
confusa la pupila, y a lo lejos,
divisa unos arbustos, y una incierta
figura que los cruza, son bermejos
y rápidos objetos, y ora, ¡alerta!
al acercarse vense: ¡son cangrejos!
¿y el arbusto? ¡Son algas y corales
que habitan en los fondos abisales!
En este sorpresivo avistamiento
puede perderse un rato la mirada,
que habrá de levantarse en un momento
para hallarse de veras asombrada:
una ciudad entera, un monumento
un paisaje increíble, de la nada,
aparece, y el alma se embelesa
ante la abrupta y singular sorpresa:
Una esfera perfecta cual burbuja
contiene en su interior un gran castillo
de paredes de nácar y una aguja
de hermosas conchas de dorado brillo,
espiraladas formas como en puja
cada una acabada en canutillo,
rodeado por dóricos pilares
en concéntricas ruinas circulares.
Palmeras de coral bamboleantes
levántanse entre toda la estructura
orlándola aun más, como vibrantes
antorchas de vivísima verdura.
Cardúmenes de peces navegantes
las palmas atraviesan en la altura,
tan vivos sus colores y tan suaves,
que parecen en vez de peces, aves.
(...)
Mario R. Rincón
He tenido por años la ilusión de escribir un poema épico. Éstas son unas cuantas de las estrofas que he escrito. El estilo es, claramente, octava real. Las presento así, cándidamente, sabiendo que probablemente tiene muchos errores.
Quiero saber que no estoy cometiendo una locura, ni que mi intento es vano. También quiero recalcar que mi intento es épica, no lírica: trato de contar una historia. Tal vez el lector pueda adivinar de cuál historia se trata.
Lógicamente, está prohibida su reproducción. Mi ilusión es que esto algún día sea un libro.
Un cordial saludo.
(...)
Del piélago infinito en lo profundo,
allende su región más tenebrosa,
do la luz se ha extinguido y un rotundo
silencio y un horror todo lo acosa,
un flujo misterioso y errabundo
conduce hasta una extraña, enorme fosa
en la que el alma, sola y desdichada,
añora con donarse a la gran Nada.
Allí, tras el penar y la ceguera,
tras la presión ingente, insoportable,
la mente visionando una quimera,
o huyendo de la muerte detestable,
y cuando el batiscafo ya no opera
por encontrarse en mundo innavegable,
el flujo se detiene y tras un giro
se nota un punto azul, como un zafiro.
Del sórdido y cruel negro se despierta
confusa la pupila, y a lo lejos,
divisa unos arbustos, y una incierta
figura que los cruza, son bermejos
y rápidos objetos, y ora, ¡alerta!
al acercarse vense: ¡son cangrejos!
¿y el arbusto? ¡Son algas y corales
que habitan en los fondos abisales!
En este sorpresivo avistamiento
puede perderse un rato la mirada,
que habrá de levantarse en un momento
para hallarse de veras asombrada:
una ciudad entera, un monumento
un paisaje increíble, de la nada,
aparece, y el alma se embelesa
ante la abrupta y singular sorpresa:
Una esfera perfecta cual burbuja
contiene en su interior un gran castillo
de paredes de nácar y una aguja
de hermosas conchas de dorado brillo,
espiraladas formas como en puja
cada una acabada en canutillo,
rodeado por dóricos pilares
en concéntricas ruinas circulares.
Palmeras de coral bamboleantes
levántanse entre toda la estructura
orlándola aun más, como vibrantes
antorchas de vivísima verdura.
Cardúmenes de peces navegantes
las palmas atraviesan en la altura,
tan vivos sus colores y tan suaves,
que parecen en vez de peces, aves.
(...)
Mario R. Rincón