No como el infinito
sino como la intermitente vivencia
que desde el tímpano cuelga en pendiente
en lineas transparentes yermas de tinta.
No sobre los mundos que trotan
en la guarda altiva
de las puertas de la dimensión
sino en tu pequeña voz
que habla del amor del corazón invadido.
No es en los cuerpos lejanos
sino en el templo dormido de tus piernas,
en el matiz de tus muslos cerrados
donde el hombre tiembla.
No quiero un te quiero alado
prefiero el amor despacio
con sus dedos flojos
y que llamen a la puerta,
si es que hay puertas todavía
si es que hay manos todavía
con la multitud del detalle.
No es en la inmensidad de los humos
sino en la mitad mas pequeña del cuerpo
como helada de monte ,
en el gesto de tus ojos vivos
donde el hombre siembra
los pequeños dedos de esperanza
y que llamen a la puerta
si es que hay puertas todavía
si es que hay manos todavía
para llenar de espíritu
con cosas pequeñas
este cuarto perdido de universos.
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