jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
es posible que vivir resulte interesante
pero este hecho sólo es válido para los vivos
a los muertos debe parecerles un asunto engorroso
siendo que ninguno vuelve de la muerte
-¿se les antojará ser un retroceso evolutivo?-
ni siquiera se dignan luego hablar con nosotros
como si pensaran que no tendría ni puto caso
o que simplemente perderían el tiempo
-y eso que disponen de toda la eternidad para perderlo-
podrían comunicarse tranquilamente por telepatía
por clave morse o mandar un jodido email
pero tampoco es que sean muy propensos a hacerlo
la realidad es que ya una vez habiendo muerto
cortan por completo el contacto con quienes los sobreviven
y ya puedes invocarlos con el más desgarrador de los lamentos
y arrastrarte por el polvo o arrancarte los cabellos para conmoverlos
te vas a sacar lo mismo que si te metieras
un dedo en el culo;
aun del amante más fiel y vehemente que al morir
prometiera a su amada que siempre en espíritu estaría con ella
y susurraría a su oído continua y dulcemente
emotivas frases de amor procedentes de ultratumba
aun de tal ejemplar jamás se supo nunca
que cumpliera en absoluto su promesa
o que fuera al menos bueno
para infligirle a la ya por siempre medio enloquecida mujer
un ocasional e inofensivo pellizco en el trasero;
se desentienden así, y se zafan sin mayor ceremonia
de cualquier lazo que pudiese aun ligarlos a su pretérita condición
y se vuelven aire y se esfuman y dejan sólo una imagen
imprecisa y volátil, adherida a un precario recuerdo
que inevitablemente se extingue más temprano que tarde;
deben estar de puta madre allá donde van
y conocerán sin duda una clase mejor de criaturas o seres
para no dar después el menor indicio de sentir nostalgia
o añorar mirar de nuevo a quienes perdieran
-¿se acordarán siquiera que una vez no fueron lo que ahora son?-
resulta claro que vivir mil años,
o, más exactamente, no querer morirse nunca
sólo tiene sentido a todas luces mientras uno está con vida
una vez que te mueres, a juzgar por la ausencia
e inexplicable no retorno de los muertos
algo debe ocurrir allá del otro lado de la barda
que te induce a no querer interrumpir un sólo instante
tu condición de muerto y revivir siquiera el tiempo justo
que te tomaría decirles a tus apesadumbrados dolientes:
"no saben de lo que se están perdiendo, cabrones"
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