Acentos Muertos
Poeta recién llegado
Mi alfabeto te describe,
Guardas hipnosis en tus manos,
Un humilde palacio en mis hojas por ti se erige,
Juguemos a este juego, es agradable si nos arriesgamos.
Soy un loco que se pierde en tu mirada,
Me convierto pues, en el invierno más cálido,
Soy el loco que se encuentra en tus ojos de tonos pálidos;
En este invierno, hoy crece una flor, invierno que ella calma.
Nuestras lenguas inventaron nuevas letras,
Ellas están celosas, de ti...
Estar contigo es estabilidad, tiempo que no existe, abrimos nuevas puertas...
De tu mente laberinto no quiero huir.
Somos locura, somos vida, tu y yo,
Tu eres fuego, ¡tu, belleza inexpresable!
Eres el reflejo de estas letras, yo sólo hielo,
Tu, deseo fugaz, cual infinito, inigualable.
Busquemos horizontes, lleguemos a su fin;
Una vez, una sola vez, nuestros corazones amarán a nuestras locuras -la última vez-
Y finalmente, para ahogar lo que nos embriaga, a eso haremos lucir,
Como a esa oscuridad que haces resplandecer.
Y diré: "¡qué bellos son tus ojos, pobre amante!"
Quédate así, entre dormida,
Déjame admirarte hasta encontrar calma en tus pensamientos raptantes,
Ve pues, sin más ornamentos, tu propia belleza,
Por qué al escribirte, la luna, masa plateada, muere ofendida, muere, cuando inspiras.
Guardas hipnosis en tus manos,
Un humilde palacio en mis hojas por ti se erige,
Juguemos a este juego, es agradable si nos arriesgamos.
Soy un loco que se pierde en tu mirada,
Me convierto pues, en el invierno más cálido,
Soy el loco que se encuentra en tus ojos de tonos pálidos;
En este invierno, hoy crece una flor, invierno que ella calma.
Nuestras lenguas inventaron nuevas letras,
Ellas están celosas, de ti...
Estar contigo es estabilidad, tiempo que no existe, abrimos nuevas puertas...
De tu mente laberinto no quiero huir.
Somos locura, somos vida, tu y yo,
Tu eres fuego, ¡tu, belleza inexpresable!
Eres el reflejo de estas letras, yo sólo hielo,
Tu, deseo fugaz, cual infinito, inigualable.
Busquemos horizontes, lleguemos a su fin;
Una vez, una sola vez, nuestros corazones amarán a nuestras locuras -la última vez-
Y finalmente, para ahogar lo que nos embriaga, a eso haremos lucir,
Como a esa oscuridad que haces resplandecer.
Y diré: "¡qué bellos son tus ojos, pobre amante!"
Quédate así, entre dormida,
Déjame admirarte hasta encontrar calma en tus pensamientos raptantes,
Ve pues, sin más ornamentos, tu propia belleza,
Por qué al escribirte, la luna, masa plateada, muere ofendida, muere, cuando inspiras.
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