El cielo es gris y escucho gemir con anhelo
y perdición las hojas que caen del árbol que
a lo lejos no se ve; Aunque nuestra vida esté
a punto de extinguirse siempre quedarán vivos
los puros, las víctimas. El cataclismo
hará que nuestros rostros queden besando
la tierra y que por nuestras mente
recorra una lista de pecados; a plenas
orillas de los árticos quedarán congelados
nuestros sueños y pensaremos por unos
segundos las guerras que causamos,
los minutos que sentiremos que ya no
podemos respirar, serán los años que nos
cobran por envenenar cada hoja, cada
tallo, cada raíz y cada semilla de las
que un día nos servimos.
cada suplica, cada llanto, cada lamento
no servirán de nada, porque habremos
cruzado la frontera.
cada palabra de amor que terminó en
lamento será cobrado
Cada resbalón, cada herida, cada cicatriz
ya habrán sanado, porque llegó la hora de
Un nuevo latir.
El reloj se adelantó unos siglos
El desdén murió