Byroniana
Poeta fiel al portal
Unos versos malogrados
Qué sombra me da la fe,
qué oscuridad me da la luz,
qué amor me da la paz,
si no estás tú.
Con tu mano y la mía,
y mil sombras que nos cubriesen,
yo, tengo fe,
a tus ojos mirando,
con el sendero invisible y rasgado,
veo luz.
El horizonte descubriría
el velo temeroso,
mostraría los arroyos,
cual lágrimas de cristal,
renacerían las montañas,
desde mis senos ocultos,
danzarían los sauces
con el viento, que es mi aire,
con mi aire, que son suspiros,
el mar entraría,
suave, como la bruma,
lento, con semblante,
a mi boca y tu boca,
fundido en tropel de mariposas,
y el cielo derramaría pasión,
por cada gota que me tocara,
por el calor que me abrasara,
por el frío que nos doliera.
Nos daríamos el alma,
allí, en las olas del placer,
jugaríamos al azar,
y el destino haría el amor
con tu cuerpo, con el mío,
como si eternamente lo hubiese hecho,
con tu piel y la mía,
surcando mil vidas
en un solo momento,
justo cuando un beso
nos unió en lo infinito
Pero sin ti
no habría mar que sintiera,
ni agua derramada,
no habría ríos que fluyeran,
ni viento que calmara
Solo mis lágrimas
quedarían silenciadas,
atrapadas entre los ojos
y la intensidad del dolor,
solo el día sería muerte,
y la noche sería recuerdo.
Las sombras tornaríanse
crueles en su belleza,
yo que siempre las he amado,
mi genio trocaríase
a la fatalidad de la vida,
que siempre ha sido inspiración.
Porque tú eres el sueño
que me levanta,
la creencia
que en mí se agita,
la pasión insaciable
que nunca se agota,
la razón que me da
el mejor momento,
que me quita
el deseo de la vida.
Sabiendo que
solo veo luz cuando a ti te veo,
sintiendo que
desvanezco si mi alma no está contigo,
muriendo,
a pesar de mis pesares
y fingiendo que estoy viviendo,
dejo aquí mi vida,
unos versos malogrados,
lo demás,
queda exento de sentimiento.
Qué sombra me da la fe,
qué oscuridad me da la luz,
qué amor me da la paz,
si no estás tú.
Con tu mano y la mía,
y mil sombras que nos cubriesen,
yo, tengo fe,
a tus ojos mirando,
con el sendero invisible y rasgado,
veo luz.
El horizonte descubriría
el velo temeroso,
mostraría los arroyos,
cual lágrimas de cristal,
renacerían las montañas,
desde mis senos ocultos,
danzarían los sauces
con el viento, que es mi aire,
con mi aire, que son suspiros,
el mar entraría,
suave, como la bruma,
lento, con semblante,
a mi boca y tu boca,
fundido en tropel de mariposas,
y el cielo derramaría pasión,
por cada gota que me tocara,
por el calor que me abrasara,
por el frío que nos doliera.
Nos daríamos el alma,
allí, en las olas del placer,
jugaríamos al azar,
y el destino haría el amor
con tu cuerpo, con el mío,
como si eternamente lo hubiese hecho,
con tu piel y la mía,
surcando mil vidas
en un solo momento,
justo cuando un beso
nos unió en lo infinito
Pero sin ti
no habría mar que sintiera,
ni agua derramada,
no habría ríos que fluyeran,
ni viento que calmara
Solo mis lágrimas
quedarían silenciadas,
atrapadas entre los ojos
y la intensidad del dolor,
solo el día sería muerte,
y la noche sería recuerdo.
Las sombras tornaríanse
crueles en su belleza,
yo que siempre las he amado,
mi genio trocaríase
a la fatalidad de la vida,
que siempre ha sido inspiración.
Porque tú eres el sueño
que me levanta,
la creencia
que en mí se agita,
la pasión insaciable
que nunca se agota,
la razón que me da
el mejor momento,
que me quita
el deseo de la vida.
Sabiendo que
solo veo luz cuando a ti te veo,
sintiendo que
desvanezco si mi alma no está contigo,
muriendo,
a pesar de mis pesares
y fingiendo que estoy viviendo,
dejo aquí mi vida,
unos versos malogrados,
lo demás,
queda exento de sentimiento.