MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me susurra la noche
un verso clandestino.
Mientras besa mi boca,
y me muerde,
agitando los verbos,
y se duerme conmigo.
Triunfante y cristalina.
Salón azul del tiempo.
Ardiente barca rota.
Montaña de la danza.
Como pesa esta pena
en los cuarteles.
Como duelen las flores,
esperando.
Enroscados de huesos.
Huyen rincones desde mis abrazos.
Las catedrales de los sótanos.
Y toda esta maldita carne dolorida,
apretujada,
avejentada de odios.
Casi muerta y solemne.
Como cortinas
que celan las palabras,
y en las gargantas vierten
migajas entre gritos,
como jirones
de un placer hecho maltrato,
un inválido aliento
velando una guitarra.
¿Fue por quererte acaso?
Mi lápiz indigente.
Mi dolor al costado.
Mi mochila de versos,
de sueños, de fotos.
Mi mochila de Pueblo….
La madrugada en madurez.
Las catedrales en los sótanos.
La humedad de este frío
descendiendo hasta el vaso,
al borde de la vida,
al borde de la muerte,
al borde…
Unos brazos quebrados.
El estiércol sobre los barrotes.
Sobre las baldosas.
Una vida pidiendo limosna.
Unos duelos inertes.
Un amanecer sin alguien.
Una tregua perdida.
Unas botas riendo.
Un traidor en su mesa.
Un encapuchado que no vuelve.
Un bramido de hombre
enfrentado a si mismo
anhelando morir.
¡Urgente!
¡Un ángel al aljibe!
¡Un ángel al aljibe!
¡Que el sueño se evapora!
Que se escapó la muerte
y ha de andar escondida
detrás de un escritorio
con nudo de corbata
o vestida de verde.
¡Urgente!
¡Urgente la justicia!
¡Urgente!
Que usa leyes de almohada.
Que tortura en el puerto,
en la huelga,
en la fábrica,
en la esquina,
en tu casa,
en la mía,
en los cuarteles,
en las perreras,
en libertad,
en agonía.
Confesionario de los muertos.
¡Urgente la justicia!
¡Urgente!
¡Que hasta el amor nos mata!
Llaga viva en el viento,
en el suelo, en el tacho.
Llaga viva en el reino.
Latido dolorido
sangrante a flor y a espada.
Y un infinito grito
que se escapa del cuerpo
y corre y corre y vuela…
Y no le alcanzan los pasos
para el viento,
no le alcanzan los saltos,
la vida no le alcanza.
Como praderas
de un delirio hecho naufragio.
Un balazo en la pierna,
un tropiezo y el polvo,
y otra vez el polvo de la celda.
Un ángel moribundo
ya sólo entre cadenas,
entre negras cadenas
en su cuello se tensan
los inmunes tentáculos.
Urgente!
Urgente la justicia!
Urgente!
No más leyes sin alma.
No más letras de olvido.
No más arrepentidos de la vida.
No más veredas con asesinos.
No más fusiles por la espalda.
¡No más tortura!
¡No más tortura!
¡No más tortura!
¡Urgente la memoria!
¡Urgente!
Derecho de un fraterno silencio en el calvario.
Derecho de los muertos.
Un alma embanderada.
Un pueblo preguntando.
Una causa seguida.
Un torturador preso.
Al menos…
Una tumba nombrada.
¿Dónde están?
un verso clandestino.
Mientras besa mi boca,
y me muerde,
agitando los verbos,
y se duerme conmigo.
Triunfante y cristalina.
Salón azul del tiempo.
Ardiente barca rota.
Montaña de la danza.
Como pesa esta pena
en los cuarteles.
Como duelen las flores,
esperando.
Enroscados de huesos.
Huyen rincones desde mis abrazos.
Las catedrales de los sótanos.
Y toda esta maldita carne dolorida,
apretujada,
avejentada de odios.
Casi muerta y solemne.
Como cortinas
que celan las palabras,
y en las gargantas vierten
migajas entre gritos,
como jirones
de un placer hecho maltrato,
un inválido aliento
velando una guitarra.
¿Fue por quererte acaso?
Mi lápiz indigente.
Mi dolor al costado.
Mi mochila de versos,
de sueños, de fotos.
Mi mochila de Pueblo….
La madrugada en madurez.
Las catedrales en los sótanos.
La humedad de este frío
descendiendo hasta el vaso,
al borde de la vida,
al borde de la muerte,
al borde…
Unos brazos quebrados.
El estiércol sobre los barrotes.
Sobre las baldosas.
Una vida pidiendo limosna.
Unos duelos inertes.
Un amanecer sin alguien.
Una tregua perdida.
Unas botas riendo.
Un traidor en su mesa.
Un encapuchado que no vuelve.
Un bramido de hombre
enfrentado a si mismo
anhelando morir.
¡Urgente!
¡Un ángel al aljibe!
¡Un ángel al aljibe!
¡Que el sueño se evapora!
Que se escapó la muerte
y ha de andar escondida
detrás de un escritorio
con nudo de corbata
o vestida de verde.
¡Urgente!
¡Urgente la justicia!
¡Urgente!
Que usa leyes de almohada.
Que tortura en el puerto,
en la huelga,
en la fábrica,
en la esquina,
en tu casa,
en la mía,
en los cuarteles,
en las perreras,
en libertad,
en agonía.
Confesionario de los muertos.
¡Urgente la justicia!
¡Urgente!
¡Que hasta el amor nos mata!
Llaga viva en el viento,
en el suelo, en el tacho.
Llaga viva en el reino.
Latido dolorido
sangrante a flor y a espada.
Y un infinito grito
que se escapa del cuerpo
y corre y corre y vuela…
Y no le alcanzan los pasos
para el viento,
no le alcanzan los saltos,
la vida no le alcanza.
Como praderas
de un delirio hecho naufragio.
Un balazo en la pierna,
un tropiezo y el polvo,
y otra vez el polvo de la celda.
Un ángel moribundo
ya sólo entre cadenas,
entre negras cadenas
en su cuello se tensan
los inmunes tentáculos.
Urgente!
Urgente la justicia!
Urgente!
No más leyes sin alma.
No más letras de olvido.
No más arrepentidos de la vida.
No más veredas con asesinos.
No más fusiles por la espalda.
¡No más tortura!
¡No más tortura!
¡No más tortura!
¡Urgente la memoria!
¡Urgente!
Derecho de un fraterno silencio en el calvario.
Derecho de los muertos.
Un alma embanderada.
Un pueblo preguntando.
Una causa seguida.
Un torturador preso.
Al menos…
Una tumba nombrada.
¿Dónde están?
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