silu.o.rueda
Poeta recién llegado
¿Qué derecho tengo?
De obligar a las gotas de lluvia a detenerse en mi palma
De dibujar la séptima cara en un dado
De envidiar sus alas que murmuran sin permiso
De decirles a los pájaros que te escondan su melodía
De robarte su atención
hasta oír solo tu silencio
De prohibirle al sol que ilumine tu rostro
De negarle delinear tu sonrisa
De ordenar que no dibuje sobre tu piel
De habitar la profundidad de tus ojos
De romper lo que deseo
por no creer que lo tengo.
¿Qué valor tengo?
Esclavizado por tu voz,
rentado con risas,
pagado con una existencia irrepetible.
¿Valoro tanto un latido?
Ofertando con precio inflado
tratando de venderte lo que ya te pertenece—
¿Valoro tanto una mirada?
Que no puedo costear la renta donde podría vivir gratis.
Donde mi moneda no vale,
donde mi mirar se domestica y me olvida.
Es mía, aunque esté destinado a ti.
¿Por qué la siento acurrucarse contigo?
¿Y de verdad merezco?
Si soy tan miserable que no piso
la escalera que ya me tiendes—
sabiendo que ya me tienes sujeto.
Tan avaro que ni siquiera gasto un suspiro
en saber cómo sería la vida contigo.
De vivir en un tiempo que soy demasiado avaro para gastar,
de reclamar un amor que tengo demasiado miedo de aceptar.
¿Qué valentía me falta?
Para olvidar cómo amarte
como quien titubea al describir el más lúcido de los sueños
sin usar ni una palabra
Para tapiar el mundo entero y no vislumbrarte en él
Para evitar lo que siento por ti,
cual soldado con una bala alojada en la cabeza.
Miserable. Cobarde. Avaro.
Muchas gracias, amor mío,
por esta pregunta no hecha
con tu respuesta tan directa.
Que no se queda ni se va.
Nos vemos,
y que no sea.
De obligar a las gotas de lluvia a detenerse en mi palma
De dibujar la séptima cara en un dado
De envidiar sus alas que murmuran sin permiso
De decirles a los pájaros que te escondan su melodía
De robarte su atención
hasta oír solo tu silencio
De prohibirle al sol que ilumine tu rostro
De negarle delinear tu sonrisa
De ordenar que no dibuje sobre tu piel
De habitar la profundidad de tus ojos
De romper lo que deseo
por no creer que lo tengo.
¿Qué valor tengo?
Esclavizado por tu voz,
rentado con risas,
pagado con una existencia irrepetible.
¿Valoro tanto un latido?
Ofertando con precio inflado
tratando de venderte lo que ya te pertenece—
¿Valoro tanto una mirada?
Que no puedo costear la renta donde podría vivir gratis.
Donde mi moneda no vale,
donde mi mirar se domestica y me olvida.
Es mía, aunque esté destinado a ti.
¿Por qué la siento acurrucarse contigo?
¿Y de verdad merezco?
Si soy tan miserable que no piso
la escalera que ya me tiendes—
sabiendo que ya me tienes sujeto.
Tan avaro que ni siquiera gasto un suspiro
en saber cómo sería la vida contigo.
De vivir en un tiempo que soy demasiado avaro para gastar,
de reclamar un amor que tengo demasiado miedo de aceptar.
¿Qué valentía me falta?
Para olvidar cómo amarte
como quien titubea al describir el más lúcido de los sueños
sin usar ni una palabra
Para tapiar el mundo entero y no vislumbrarte en él
Para evitar lo que siento por ti,
cual soldado con una bala alojada en la cabeza.
Miserable. Cobarde. Avaro.
Muchas gracias, amor mío,
por esta pregunta no hecha
con tu respuesta tan directa.
Que no se queda ni se va.
Nos vemos,
y que no sea.