chc
Christian
No daría lugar a la cautela
si ahora mismo aparecieras.
Con tu incontinente sencillez
y tu salida de emergencia iluminada;
con tu competitiva ironía
y la sonrisa que me regenera y ablanda.
Gastaría, si estuvieras,
todo tu universo de desesperanzas,
hasta que abatido se declare
en irreversible bancarrota.
Y sientas extrañada pero convencida,
que detrás de cada gesto
existe una entrega y un motivo,
que se deslucen, sin embargo,
por evitar el infierno
de los demasiado cautos.
No daría lugar a la inocencia
si ahora mismo aparecieras.
Con tu avasallante envergadura,
y la calma contagiosa de tu abrazo;
con tu ropa bien pensada,
y ese perfumado mal humor sin ropa.
Convencería, si vinieras,
a todo tu jurado decisor de decisiones,
que no prescribe la causa
que por insania me han iniciado,
y que es inútil la condena,
esperen solo que me contente,
si me envían al paraíso
de los muy inocentes.
No daría lugar a la incredulidad
si ahora mismo aparecieras.
Con tu orientada ambigüedad,
y las manos siempre abiertas;
con tus impensados pensamientos
y tu enigmático magnetismo.
Silenciaría, si lo permitieras,
cada uno de tus peros,
y sin hacer el menor ruido
forjaría y moldearía la suerte,
para mostrarte sin antifaz,
que a pesar de que ahora mismo no estás
soy un ferviente creyente.
si ahora mismo aparecieras.
Con tu incontinente sencillez
y tu salida de emergencia iluminada;
con tu competitiva ironía
y la sonrisa que me regenera y ablanda.
Gastaría, si estuvieras,
todo tu universo de desesperanzas,
hasta que abatido se declare
en irreversible bancarrota.
Y sientas extrañada pero convencida,
que detrás de cada gesto
existe una entrega y un motivo,
que se deslucen, sin embargo,
por evitar el infierno
de los demasiado cautos.
No daría lugar a la inocencia
si ahora mismo aparecieras.
Con tu avasallante envergadura,
y la calma contagiosa de tu abrazo;
con tu ropa bien pensada,
y ese perfumado mal humor sin ropa.
Convencería, si vinieras,
a todo tu jurado decisor de decisiones,
que no prescribe la causa
que por insania me han iniciado,
y que es inútil la condena,
esperen solo que me contente,
si me envían al paraíso
de los muy inocentes.
No daría lugar a la incredulidad
si ahora mismo aparecieras.
Con tu orientada ambigüedad,
y las manos siempre abiertas;
con tus impensados pensamientos
y tu enigmático magnetismo.
Silenciaría, si lo permitieras,
cada uno de tus peros,
y sin hacer el menor ruido
forjaría y moldearía la suerte,
para mostrarte sin antifaz,
que a pesar de que ahora mismo no estás
soy un ferviente creyente.