Pathétique
Poeta recién llegado
Ya no creo que seas un "quién" sino un "algo",
a éstas alturas he visto tantas facetas tuyas
que te puedo describir como algo parecido a un sentimiento,
a una ilusión, que arde y pareciera que se extingue...
¡Ojalá se extinguiera pero vuelve a encenderse
en llamaradas más grandes y con ello el desastre que provoca!
Estoy segura de que no eres más que un alma vieja
que me persigue desde vidas pasadas;
eres unos tristes ojos, que a veces fueron verdes
y otras se ocultaron tras un par de gafas.
(Pero esa es otra historia, pertenenciente a otro invierno que no pude librar)
Podías describirte como mejor te conviniera,
darme una probada de tu humor amargo, atraparme, enamorarme
antes de que cayeran tus mártires de piedra:
Yo ya te había encontrado, incluso mucho antes de que los erigieras.
Contigo los años me supieron a siglos
pero en su momento los días corrían como entre los dedos la arena,
ahora llevo un gran peso a cuestas,
uno que voy a cargar hasta que nos encontremos en otra era.
Me conociste creyéndome un alma nueva:
Tan ingenua a esa edad creí que podía imaginar tu sonrisa de medio lado
o, mejor aún, escuchar esa risa seguramente boba,
y hasta acariciar tu cabello alguna vez rubio, esa que te daba tanto encanto de niño.
La ilusión me hizo creer que de verdad en tu brazo mi nombre marcaste.
Que en las noches que el alcohol sabía a agua, era la Luna sobre tu cabeza.
Y ahora me haces sentir pena, de admitir lo pronto en que me conquistaste
a pesar de que me doy cuenta que se trata de un amor que nació en otro tiempo.
En otra parte.
Compartí tu dolor, lloré las lágrimas que escaseabas,
y no puedo aceptar que con indiferencia me dejaste,
tal vez no es culpa de esa meretriz de ébano que besabas, pues a ella también la abandonaste.
Simplemente no recuerdo cómo nos hemos repetido
y tal vez en esta vida te me adelantaste.
(Continúa incompleto, tal vez en otra vida logre terminarlo del todo. Confío en que los versos se irán aumenando)
a éstas alturas he visto tantas facetas tuyas
que te puedo describir como algo parecido a un sentimiento,
a una ilusión, que arde y pareciera que se extingue...
¡Ojalá se extinguiera pero vuelve a encenderse
en llamaradas más grandes y con ello el desastre que provoca!
Estoy segura de que no eres más que un alma vieja
que me persigue desde vidas pasadas;
eres unos tristes ojos, que a veces fueron verdes
y otras se ocultaron tras un par de gafas.
(Pero esa es otra historia, pertenenciente a otro invierno que no pude librar)
Podías describirte como mejor te conviniera,
darme una probada de tu humor amargo, atraparme, enamorarme
antes de que cayeran tus mártires de piedra:
Yo ya te había encontrado, incluso mucho antes de que los erigieras.
Contigo los años me supieron a siglos
pero en su momento los días corrían como entre los dedos la arena,
ahora llevo un gran peso a cuestas,
uno que voy a cargar hasta que nos encontremos en otra era.
Me conociste creyéndome un alma nueva:
Tan ingenua a esa edad creí que podía imaginar tu sonrisa de medio lado
o, mejor aún, escuchar esa risa seguramente boba,
y hasta acariciar tu cabello alguna vez rubio, esa que te daba tanto encanto de niño.
La ilusión me hizo creer que de verdad en tu brazo mi nombre marcaste.
Que en las noches que el alcohol sabía a agua, era la Luna sobre tu cabeza.
Y ahora me haces sentir pena, de admitir lo pronto en que me conquistaste
a pesar de que me doy cuenta que se trata de un amor que nació en otro tiempo.
En otra parte.
Compartí tu dolor, lloré las lágrimas que escaseabas,
y no puedo aceptar que con indiferencia me dejaste,
tal vez no es culpa de esa meretriz de ébano que besabas, pues a ella también la abandonaste.
Simplemente no recuerdo cómo nos hemos repetido
y tal vez en esta vida te me adelantaste.
(Continúa incompleto, tal vez en otra vida logre terminarlo del todo. Confío en que los versos se irán aumenando)
Última edición: